“México está en los mercados”. El caso del Felipe Ángeles | Crónica y fotogalería

Foto: Proyecto Diez

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Texto: Eduardo Carrillo Arias. Fotos: César Huerta (@Zorrotapatio) / Video Carlos Estrada / Edición: César Huerta.

15 de agosto del 2013. Entre las calles de Federación, Guelatao, Huertas e Industria, en la colonia Jardines de Guadalupe, en el oriente de la ciudad de Guadalajara, el 1° de septiembre de 1974, durante la alcaldía de Guillermo Cosío Vidaurri (posteriormente gobernador del estado de Jalisco de 1989 a 1992, año en el que dimitió por la presión social y política debido a las explosiones del 22 de abril en el sector Reforma de la misma ciudad), inició operaciones el mercado que lleva por nombre el de un ex revolucionario y comandante de la artillería villista: Felipe Ángeles.

Los locatarios del Mercado Felipe Ángeles son en su mayoría vecinos de la zona, sin embargo, los inicios de este mercado se dan en el centro de la ciudad: en el Mercado San Diego, que estaba ubicado entre las calles de Manuel Acuña y Contreras Medellín.

El mercado dejó de estar en operación, y durante algún tiempo albergó oficinas administrativas del Ayuntamiento. La reubicación de los locatarios se trasladó hasta una zona en la que no estuvieran en conflicto las actividades del centro de la ciudad con las del mercado; esa zona es la actual ubicación del Felipe Ángeles.

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El Mercado Felipe Ángeles tiene al interior alrededor de 600 locales comerciales y al exterior 117 espacios para tianguis. María Esqueda, administradora del mercado, comenta que la única manera obtener un espacio para local es a través de un convenio de traspaso y los requisitos para tramitarlo son: otorgamiento, traspaso, IFE de las partes interesadas, comprobante de propiedad, recibo de plaza o renta, licencia municipal, tres fotografías tamaño credencial y tarjetón de locatario.

Al llegar al mercado, salta a la vista una ardua actividad propia de un centro comercial que abastece aproximadamente al 6% (dato: DEAM-ITESO, 2005) de otros mercados públicos y consumidores finales de la ciudad.

Entre “diablitos” acondicionados con tablas rotuladas para extender su capacidad de carga, cargadores sin playera, floristas, camiones de sólo cebollas, sólo jitomates, sólo frutas y verduras; los gritos de las ofertas, los olores de las verduras y los colores vivos, atrapan los sentidos y los hacen presa de una atmósfera del México que vive de lo que nace y crece de sus tierras.

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Y es que los mercados mexicanos tienen la esencia de eso que podríamos llamar la mexicanidad. El poeta chileno Pablo Neruda, quien ganara el premio Nobel de Literatura, escribió alguna vez: “Lo recorrí [a México] por años enteros, de mercado a mercado, porque México está en los mercados.

Leticia Verdín, contadora y presidente de la asociación civil de locatarios del Mercado Felipe Ángeles, menciona que la representación de los locatarios surge en el año 2000, cuando la calle principal “Guelatao” fue invadida por comerciantes ambulantes y el mercado Felipe Ángeles estaba “agonizando”, debido a las pocas ventas que percibía.

Del año 2000 al 2002 fue la época de mayor movilización política por parte de la asociación, tuvieron que acudir hasta la presidencia de Guadalajara, para poder exigir que se respetara el reglamento de mercados y se desalojara a los comerciantes ambulantes del exterior del mercado:

“fuimos hasta allá en cinco camiones, y somos tan tranquilos que en cada camión íbamos rezando, íbamos diciendo a todos los compañeros: que por favor se limitaran de tocar cualquier cosa del municipio, no vamos a cerrar calles, vamos ir nada más a expresar nuestra inconformidad por la calle que cerraron… y contra ellos, ¡duro, duro!… o sea, pueden gritar lo que quieran pero no me toquen a nadie ¡A nadie!, ni siquiera toquen el edificio ¡Por favor se los pido!”.

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Sobre su trabajo de líder, menciona Leticia Verdín: “Y en ese entonces nace esta confianza que me han brindado a mí, que vieron que yo ni tras la política, ni nada. Yo soy una fiel compañera de mis compañeros […] Me conocen porque yo tengo 23 o 24 años trabando aquí en el mercado; me conocen que desde que inicié, es puro trabajo y familia, trabajo y familia; y apoyar a mis compañeros ¡Nada más!”.

El padre de Leticia Verdín, es el primer locatario del Mercado Felipe Ángeles, empezó a trabajar a los 18 años en el viejo Mercado San Diego, su familia lleva trabajando en el gremio de la fruta y la verdura durante tres generaciones, es decir, 70 años. Ahora su padre tiene 88 años y aún sigue trabajando, pero ahora lo hace desde su bodega en el Mercado de Abastos de Guadalajara.

Al igual que la familia de Leticia, hay muchas otras familias que se han dedicado toda su vida a trabajar en el mercado. La familia de Alejandro Aguilar Vázquez, también conocido como “El Uyuyuy”, quienes llevan trabajando en el Felipe Ángeles 39 años desde su fundación y cinco años más en el extinto Mercado San Diego.

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Originario de Armería, Colima, él y todos sus hijos se dedican a la comercialización y venta de frutas, verduras y semillas. Él inició trabajando en los mercados como cargador, y ahora, ya trabaja como dueño de varios locales y una bodega. El mercado empieza a trabajar desde las cuatro de la mañana, nada más que nosotros empezamos a trabajar desde las dos de la mañana porque tenemos que surtir; nos vamos al Mercado de Abastos, y ya nos venimos con la carga… Aquí hay gente las 24 horas del día”, comenta Alejandro.

El oriente de Guadalajara es un sector del que se sabe muy poco, lo mucho o lo poco que se escucha está relacionado con situaciones de delincuencia, marginación y demás temas que no son parte de la agenda pública -a menos que afecte a sectores políticos o económicos “importantes”.

Vivir en Guadalajara no es solamente hacerlo a través de sus calles principales y sus figuras públicas, es hacerlo de oriente a poniente, de norte a sur; a través de las palabras y miradas de su gente, esa gente que se encuentra en la lucha día a día por lo único importante: sus familias.

Y por familia se puede entender también a toda la comunidad que comparte algo, como los locatarios, comerciantes y marchantes del Mercado Felipe Ángeles.

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Dice Leticia Verdín: Yo debí haberme llamado “Mandarina” o “Manzanita”, porque nací entre la fruta… o sea, mi papá llenaba -cuando yo estaba chiquitita, chiquitita de dos, tres años, cuatro; que tengo todavía marcado en mi mente-, que llenaba toda la casa, porque él mandaba traer un camión de manzana de Chihuahua y toda la manzana la bajaban en mi casa, y nomás nos dejaban un huequito para pasar, y como la manzana es la fruta que más dura -puede durar un mes o dos meses almacenada-, él iba sacando de remesas pa’ venderlas en el mercado y su bodega era su casa, pero de eso hace muchos años. Entonces por eso te digo: yo nací entre las manzanas y debieron haberme puesto “Manzanita o Mandarina”, de nombre”.

Un recorrido sobre el mercado Felipe Ángeles:

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