“Ilusión y hazaña: dos perspectivas para entender el fútbol mexicano desde afuera”.

Fernando Tiscareño Cabello*
@tiscasj

César Méndez Ponce
Facebook: cesar.ponce.5602728

En 2013, en un viaje que realicé por varias ciudades de Brasil, conocí a una salvadoreño apasionado y conocedor del fútbol internacional, pero sobre todo del mexicano. Y rodó el balón: intercambio de opiniones, datos, críticas. Después de unos días, volvimos a nuestros respectivos países.

Dos años después, me vine a estudiar a Brasil. En mis ratos libres, que con honestidad no son muchos, me detengo a entender el fenómeno futbolístico del país del pentacampeón del mundo y desde aquí entender lo propio del mexicano. Cesar, desde El Salvador, también intenta hacer lo mismo.  ¿Qué nos motiva a intentar entender el fútbol mexicano desde afuera del país? Sin duda, simplemente el gusto y pasión que genera en nosotros, pero, el punto de encuentro también se bifurca, pues desde Brasil se entiende el fútbol mexicano como una ilusión; desde El Salvador se entiende como una hazaña.

Comencemos por definir lo que estamos entendiendo por ilusión y hazaña. El Diccionario de la Real Academia Española indica que ilusión es una “representación sin verdadera realidad, sugerida de la imaginación o causada por el engaño a los sentidos”. Cualquier parecido con nuestro fútbol es mera coincidencia. Ahora bien, hazaña indica un “hecho ilustre y heroico”. Igual, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Como percibimos, una y otra definición distan mucho una de otra, pero el fenómeno futbolístico es así: de contrastes, de choques, de desencuentros.

Brasil: ilusión

Cuatro son los eventos que los aficionados al fútbol recuerdan de los mexicanos: La Selección Brasileña de la Copa del Mundo de México en 1970, aquella conformado por Rivelino, Tostão, Carlos Alberto y por supuesto Pelé; la derrota de Brasil frente a México en la final de la Copa Confederaciones de 1999; la derrota en la final de Londres 2012 por la medalla de oro y el 0 a 0 en Fortaleza en la pasada Copa del Mundo donde Memo Ochoa fue el jugador destacado y de quién más se acuerdan.

Si hacemos un balance, podríamos deducir que el saldo es a nuestro favor con dos victorias y un empate, digo, ya que en la mayoría de los casos las estadísticas son la punta de lanza de los medios de comunicación y sobre eso montan escenarios ficticios y predisponen sentimientos.

¿Qué hay detrás de esos recuerdos? Intentando ser objetivo y con tintes de realismo es una perspectiva de ilusión a pesar de que, frente a Brasil, en los últimos años, han sido hazañas. Así es, los brasileños (no los cariocas como muchos piensan que son llamados todos los brasileños) consideran nuestro balompié como una construcción de ilusiones. Y digo, no es que ellos no hayan construido su historia deportiva de ilusiones y creando expectativas, pero, lo que ellos dicen es verdad: tenemos pocos jugadores en las mejores ligas del mundo; en los años en que los equipos mexicanos participaron en la Libertadores (y una gran pena que la hayan abandonado) ninguno tuvo la dicha de coronarse, aunque hayan disputado finales Cruz Azul (2001), Chivas (2010), Tigres (2015); tienen pocas referencias de jugadores que sean considerados como “cracks”.

Nos perciben como constructores de ilusiones porque a pesar de que ha sido imposible llegar a un esperado quinto partido en un Mundial,  porque a pesar de creer que somos la gran potencia de la CONCACAF, porque a pesar de disputar partidos heroicos contra Jamaica y Estados Unidos… Creemos ser realmente una potencia a nivel mundial.

El Salvador: hazaña

Para el salvadoreño que asiste a los partidos de fútbol de ¨la selecta¨, su selección nacional, no existe enemigo más grande que México. Vivir cualquier duelo entre estas escuadras es presenciar un duelo a muerte. Al salvadoreño nunca se le olvidan las únicas tres victorias ante el combinado azteca.  En 1981, El Salvador ganó 1-0 a México, un partido disputado en Tegucigalpa, Honduras y que dejó eliminado a México del Mundial de 1982; en 1993, El Salvador ganó 2-1 en el Estadio Cuscatlán y la más reciente fue en 2009 con una victoria de 2-1.

El futbol salvadoreño, el aficionado y muchos comentaristas deportivos viven de estos recuerdos. Cada vez que se puede se rememoran las hazañas de aquellas épicas batallas frente al Tri. Una historia que, desde la vista de este pequeño país, no dista mucho de la mexicana.

En la televisión por cable salvadoreña, inundada de canales mexicanos, los medios deportivos no dejan de elaborar documentales, notas, historias, perfiles de jugadores, con el fin de resaltar las grandes hazañas del futbol azteca. Equipos que remontaron partidos en Copa Libertadores, los goles de chilena de Hugo Sánchez, su paso por el Real Madrid, ¨el emperador¨ Claudio Suarez, el hombre de hierro, el que más partidos vistió los colores del Tri, por mencionar algunas. Con seguridad habrá cientos de hazañas del deporte y de colecciones privadas por las cuales hablar. Todas aderezadas de un patriotismo exagerado.

Además, entre aficionados mexicanos, no dejan de escucharse las voces de que los jugadores actuales juegan por luces, fama y dinero. Los de antes jugaban por amor a la camiseta, por amor a México. Los jugadores de antes amaban la patria, no les importaba el dinero sino representar a su país ante el mundo. Nada muy distinto de la realidad del futbol salvadoreño.

Ahora al ver los partidos entre México y El Salvador, dejo de lado quien ganará. Pienso en las dificultades que nos llevan a vivir de recuerdos y hazañas. Aunque México ha avanzado muchísimo en formación de fuerzas básicas, estructuras deportivas, estadios, inversión privada, le falta dejar de vivir de esos recuerdos y comenzar a vivir de los niños y jóvenes que se están formando. Ojalá que por el bien del fútbol de nuestra región los países centroamericanos comiencen a trabajar en infraestructura, estadios y sobre todo en los niños y jóvenes.

*Este artículo fue publicado originalmente en tiempoextra.mx

Etiquetas
Comentarios
Top