Misión rescate: amena pero complaciente

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Por: Óscar Chavira* (@Oscar_Chavira)

11 de octubre de 2015. The Martian es una novela de Andy Weir publicada originalmente en 2011. En ella se narra la epopeya de Mark Watney, parte de la tripulación de una misión espacial que aterriza en Marte.

Debido a un contratiempo climatológico, la tripulación debe abortar la misión y abandonar el planeta, pero Watney sufre un accidente y sus compañeros lo dan por muerto. Abandonado en Marte, el astronauta tiene que aprender a sobrevivir y tratar de encontrar la forma de retornar al a Tierra.

La premisa de la novela es seguida en el guion de Drew Goddard, que es el fundamento de la nueva película del director Ridley Scott.

Encumbrado por sus tres primeros filmes, The Duelist (1977, mejor opera prima del Festival de Cannes), Alien (1979) y Blade Runner (1982); el realizador consiguió la etiqueta de director de culto al inicio de su carrera, pero dicha denominación ha ido erosionándose conforme las películas que elige para filmar tienden más a lo comercial o a una narrativa de altibajos.

Aun con ello, la fama que mantiene el director le brinda los reflectores cada vez que estrena una película. Con Misión Rescate, como ha sido llamada en Latinoamérica la adaptación de The Martian, hay buenas y malas noticias sobre Riddley Scott.

Comencemos con las buenas noticias.

A pesar de que Misión Rescate puede comparársele fácilmente con Apolo 13 (Ron Howard, 1995) y Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), la película mantiene un tono propio. Novela y guion han encontrado la sana distancia entre estas dos referencias.

El relato del abandono de Mark Watney en Marte está lejos del tono dramático, severo y claustrofóbico de Apolo 13. El personaje que interpreta Matt Damon es un científico que pasa las horas ideando cómo sobrevivir en un ambiente hostil mientras hace chistes sobre sus compañeros y su desventura. Esto contrasta con el personaje militar acartonado que interpretara Tom Hanks para la película de Ron Howard. De hecho, está más en el tono del náufrago de Robert Zemeckis de Cast Away (2000), también interpretado por Hanks.

Misión Rescate es un naufragio espacial que deja poco a la interpretación y evade la metáfora grandilocuente que a mucha audiencia le pareció chocante en Gravity. Mientras el guion de Alfonso y Jonás Cuaron es simple para que el público reinterprete los sucesos y haga un planteamiento existencial trascendente, la historia de la cinta de Ridley Scott es más literal y convencional, por ende más fácilmente asimilable por los espectadores.

A muchos les ha parecido novedoso el tono cómico de la trama. Ironías, humor negro y bromas en un relato de ciencia ficción. Ficción que ya no vemos como un futuro imaginario sino como una posibilidad real. Este tono relajado de los científicos crea empatía e interés con la audiencia, y, por consecuencia, interés y empatía con la ciencia.

Carl Sagan había comprobado dicha teoría con el éxito de su serie de televisión Cosmos. Y volvió a experimentar con ella en la historia de Contact (Robert Zemeckis, 1997). “La gente puede acercarse a la ciencia si se le explica de una forma divertida”, solía justificarse. “Misión Rescate” va en ese mismo sentido.

La historia asume una personalidad propia, pero no por ello deja de lado aspectos para que el público reflexione sobre la exploración espacial. Es en este punto donde el filme tiene su mayor acierto.

Al fin y al cabo el relato es una serie de soluciones científicas y tecnológicas para la sobrevivencia en un ambiente hostil. En ello Misión Rescate se equipara al resto de las películas ya mencionadas.

Pero donde Apolo 13 centra las soluciones en los científicos de la NASA, en esta nueva cinta los norteamericanos y su tecnología no bastan para el rescate, se requiere cooperación internacional.

Donde el náufrago de Cast Away invertía poco más de tres años él solo en idear la forma de salir de la isla, rescatar a un astronauta en otro planeta plantea inversiones multimillonarias y el trastocamiento en la agenda de vida de un gran grupo de gente.

Donde Gravity nos expone nuestra fragilidad fuera de nuestra atmósfera, el filme de Ridley Scott nos vuelve a poner en evidencia dicho punto, y también expone nuestra fragilidad para afrontar decisiones sobre un evento en el espacio, y sus consecuencias emocionales, aun estando en la Tierra.

Misión Rescate lleva más allá las reflexiones sobre un accidente en un viaje trasatlántico, orbital o lunar. Es el siguiente nivel, del cual no estamos tan lejanos. Aun con ello, la premisa básica sigue siendo la misma en todas estos planteamientos: la sobrevivencia se debe a una serie de soluciones de adaptación al entorno.

Ridley Scott desarrolla con eficacia el planteamiento narrativo de cada problema de sobrevivencia y solución a ello que se presenta en la historia. Mantiene el ritmo mientras se sucede esta serie de escenas. Refuerza la trama con una buena edición que muestra la reacción de los protagonistas en sus propios ámbitos: el astronauta varado en Marte, la tripulación en la nave que abandonó la misión, los científicos de la NASA que organizan el rescate.

La dirección de Ridley Scott mantiene el tono relajado durante toda la película. Podría decirse que el astronauta varado nunca se ve en peligro de muerte en Marte, pero ello no impide que los momentos dramáticos funcionen. Están a buen nivel para enfatizar las decisiones difíciles que se toman.

Solo hay un protagonismo y es el de Matt Damon, el resto del elenco multiestelar tiene su momento de importancia como personaje, pero no para el lucimiento personal. Es una trama con muchos personajes secundarios que aportan su parte para un relato convincente y dinámico.

Por ello, Misión Rescate es una película ligera, amena y divertida. La buena noticia es que Ridley Scott se verá favorecido con el beneplácito mayoritario, y habrá complacido los objetivos de Hollywood para la película.

La mala noticia es que la película no es acorde a lo que quisiéramos que nos ofreciera un cineasta con el estatus que tiene Ridley Scott.

Misión Rescate está a años luz de la trascendencia de Alien y Blade Runner. Alguien mencionó acertadamente que “Ridley Scott es mejor cineasta cuando se pelea con el espacio”. Ni siquiera está cercana a la épica de Gladiator o Black Hawk Down.

Se menciona que los últimos filmes del director han tenido desarrollos fallidos. Quizá se pueda criticar la narrativa de ellos, pero no su reflexión contestataria. Prometheus, pese al final gore, extiende las premisas evolutivas de Alien sin trastocar sus fundamentos. The Counselor, pese a un guion deficiente, es una reflexión sobre la responsabilidad de la gente de “cuello blanco” en el funcionamiento de las redes del narcotráfico. Exodus humaniza la visión del patriarca bíblico y le añade la polémica del Dios caprichoso, mismos que fueron denostados por una incomprensión fundamentalista.

A pesar de fallos en sus anteriores filmes, Ridley Scott seguía manteniéndose como un director que nos ofrecía un extra para catalizar una reflexión iconoclasta en la audiencia.

Esto ya no existe en Misión Rescate. La historia, aunque amena, es complaciente con la audiencia. Un relato de aventura que sirve para el divertimento en la sala de cine, y el olvido posterior conforme pase el tiempo. Para la memoria y las referencias están Apolo 13, Cast Away y Gravity.

El filme está ensamblado en la más moderna fórmula de protección de Hollywood: elenco multirracial, inclusión de un par de actores orientales para impactar el mercado chino, historia nada compleja, atmósfera alejada de fatalismos, fotografía preciosista, final feliz. No veo en la cinta una sola decisión que me indique la participación de un director de culto.

Quisiera pensar, en el mejor de los casos, que la cinta es más un trabajo de encargo que un proyecto personal del director. En el peor de los casos pensaría que el contestatario e iconoclasta Ridley Scott se dio por vencido y cedió a las imposiciones de Hollywood, y se ha convertido en el Ron Howard de los 90 del nuevo milenio.

Misión Rescate es una buena película después de todo. Vale el boleto de entrada, pero no un espacio en nuestra memoria perdurable. Y es de los trabajos que siguen erosionado el aura de culto que ya pocos le concedemos aún a Ridley Scott.

* Óscar Chavira es crítico de cine.

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