OPINIÓN | 99 puños al aire en los septiembres negros

Máximo Ernesto Jaramillo Molina

Foto: Telemundo.com

Hoy podemos hablar de dos hechos trágicos de la memoria reciente, que muestran la podredumbre del Estado y la rapacidad del Mercado en México. Se cumplen 3 años de los hechos de Iguala, de la desaparición de los 43 estudiantes, del asesinato impune de sus compañeros, de las mentiras de la “verdad histórica”, de la muestra que en México vivimos gobernados no solo por él Estado, sino que el poder se comparte con el narco y los oligopolios del mercado.

También el día de hoy se cumple una semana del terremoto que azotó nuevamente a México un 19 de septiembre. Irónica fecha. Poco más de dos horas después del simulacro anual en conmemoración de la tragedia de 1985, la Ciudad de México se volvía a ver absorbida por la nube de polvo levantado por el derrumbe de esos edificios construidos con permisos falsos por constructoras ávidas de dinero.

Más de 40 edificios venidos abajo, atrapando cientos de personas bajo escombros, frente a un gobierno pasmado, inoperante, que tardó en responder, y cuándo respondió sólo buscó el beneficio propio. El mar de solidaridad de la sociedad civil en México se  ha desbordado, pero solo porque hay una sequía de bienestar proveído por el Estado y el Mercado.

Ahí los elementos comunes. Si en México alguien tuvo que comenzar a remover escombros, a organizar el rescate, a proveer los elementos necesarios para hacerlo, ese alguien fue el ciudadano de a pie. Si en México alguien tuvo que exigir ¡Justicia! para los desaparecidos el 26 de septiembre de 2014, increpar el carpetazo de la verdad histórica y dar seguimiento a tan oscuro caso, ese alguien fue el ciudadano de a pie. Los puños al aíre clamaban justicia a los desaparecidos. Los mismos puños al aire pedían silencia para encontrar a sus sobrevivientes.

Ante este tipo de tragedias, los lazos de otredad son más claros que nunca. “Los otros”, son los que ven desde arriba, los que aprovechan cualquier situación para generar ganancias, los dueños del país: ese matrimonio entre la élite política y empresarial. Y nos han grabado en lo más profundo del ser esa desconfianza frente a los demás, que no nos deja operar libremente sin dejar de imaginar que “algún centro de acopio robará los víveres” o “esta familia no debería recibir otra despensa, pues ayer recibió una”.

Aquí también es necesario revisar las razones que le dan legitimidad a la distribución social. Por años nos hicieron normalizar situaciones que son de emergencia por sí mismas, como la pobreza en la que viven muchas de las localidades en Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas, y a las que ahora les llega el “auxilio” que no llegó por décadas”. Porque nos hicieron creer que un muerto más, mil más, 10 mil más no importan, tampoco es una emergencia. Porque el Estado asesina. Porque el Mercado (legal o ilegal) asesina.

Ayotzinapa logró movilizar a los jóvenes hace tres años y rompió su percepción de normalidad ante los asesinatos en México. El sismo ha logrado movilizar a los ciudadanos en acciones solidarias por montones, y les ha recordado el poder redistributivo irrestricto que puede tener la sociedad. Para que estos cambios permanezcan y se orienten a una sociedad más igualitaria, y poder castigar a los responsables, tanto políticos como empresarios y narcotraficantes, es preciso fracturar la legitimidad de la distribución social en México y romper lazos de otredad que alejan a los diversos grupos sociales afectados, así como acabar con tolerancia al maltrato del Estado y el Mercado.

En septiembre, siempre en septiembre, demostramos que unidos se puede hacer mucho. Son tan simbólicos los puños al aire de los ciudadanos, pero más simbólico es que siempre nos ha faltado un actor al lado clamando justicia. Sigue faltando el puño levantado de la élite en México, dispuesta a construir una sociedad mejor, dispuesta a dejar de oprimir a la sociedad. Por el momento, sólo 99 puños al aire. Pero si esos 99 se unen, nada los podrá parar.

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