OPINIÓN | Carta para AMLO

Máximo Ernesto Jaramillo Molina

Recuerdo cómo llamaste mi atención durante tu gestión en el antes llamado Distrito Federal. En un país que sufría el engaño del supuesto cambio que prometía el gobierno de Fox y que nunca llegó, demostrabas todo lo que se podía hacer desde un gobierno local. Sino hubiera sido por tu gestión en el DF, claramente el país sería otro.

Y por eso muchos te apoyamos en 2006, porque parecía que la izquierda podría llegar al gobierno en México por primera vez en toda su historia. Y, por las razones que sean, no sucedió.

Estuviste tan cerca de (tal vez) cambiar el rumbo de México, que no pudiste olvidarlo o dejarlo ir. Y llevas 12 años haciendo campaña y transformando tus posiciones políticas, o al menos las que dejas ver claramente.

Antes eras el candidato que tenía un gran equipo detrás, uno que parecía de izquierda, en un país donde los que se llaman “de centro” son tan conservadores. Un país sesgado a la derecha. Y hoy declaraste sin tapujos que no lo eres. No representas a “la izquierda”.

En un país donde el otro partido grande que supuestamente fuera de “izquierda” (PRD) es capaz de aliarse con ese otro partido nieto del sinarquismo (PAN), tu incontrolable deseo por llegar a ser presidente de México te llevó a aliarte con la derecha. Porque llevas 15 años criticando a “la mafia del poder”, y entendiste que sino te aliabas con ellos, no llegarías a ser presidente. Sino te aliabas con Romo, la clase empresarial te seguiría bloqueando. Sino te aliabas con el PES, alguien más lo haría y podría significar tu derrota.

Es que todo es cuestión de simbolismos y representaciones.

Yo no soy ingenuo. Tiene años que desencantas cada vez más a los partidarios de la izquierda. Y sabíamos que no te pronunciabas a favor del aborto y los matrimonios del mismo sexo, porque realmente no estabas a favor. Pero hoy, sin importar qué piense de ti la izquierda no dogmática, afirmaste que eres capaz de aliarte con un partido confesional. Cambiaste la agenda de izquierda que supuestamente tenías, por unos cuantos votos. Porque en los hechos sabíamos que ya estabas ahí, pero hoy, simbólicamente, te moviste mucho a la derecha. Pragmatismo, le dicen.

Tal vez, según tu cálculo político, sales ganando más que lo que pierdes. Porque de cualquier modo muchos de izquierda ya no iban a votar por ti.

A los que aún promovíamos un voto por ti de manera no dogmática, crítica, reflexiva, al menos como un voto útil para terminar con el dominio de la bestia indomable llamada PRI, el mayor cáncer del país, nos has quitado prácticamente todos los argumentos para apoyarte.

Aún quiero que se vaya el PRI. Aún quiero que no vuelva el PAN. Pero así como estoy seguro que no puedo votar por el PAN y el PRI por todas sus posiciones políticas, también estoy seguro que no puedo votar por alguien que le da la mano en alianza a un partido anti-aborto y que sólo reconoce como válido el matrimonio heterosexual.

Aún queda el argumento de: ¿Pero AMLO es Morena? ¿Qué hay de los militantes que piensan diferente? ¿Qué hay de las (algunas) grandes personalidades que integran el gabinete que presentaste hoy?

No lo sé, es prácticamente imposible creer esto. Faltará ver cómo se sigue desarrollando esto.

Al final, el voto tendrá que ser más pragmático que nunca.

Porque por primera vez en 30 años (o tal vez más), si votas por alguno de los tres candidatos punteros, estarás apoyando, en mayor o menor medida, ideas y militantes de derecha.

Y eso me duele y molesta mucho. Demasiado.

Y ahí, ahí sí, tú eres el único culpable de eso, Andrés Manuel.

Ya solo queda esperar (como prácticamente siempre) que gane “el menos peor”.

Y desde hoy, 13 de diciembre de 2017, comenzar a pedir a la diáspora de izquierda en el país, que nos organicemos para lo que viene. Porque, al parecer, en la boleta electoral de 2018, nadie representará nuestras ideas.

P.D. Nunca ha ganado nadie por quien he votado. Tal vez, sino voto por ti en 2018, ahora sí sea el año en que ganes.

 

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