OPINIÓN | Hay responsables

En el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México, fallecieron cinco personas cuando su estructura colapsó durante el sismo del 19 de septiembre de 2017. Sé que muchos piensan lo mismo. Sé que muchos tantos piensan lo contrario. Pero me siento obligado a escribir esto. Porque conocí a una de las víctimas, porque fue mi escuela, porque pudiste ser tú, porque pude haber sido yo.

Adrián Montemayor

Foto: Cuartoscuro.com

Estudié la preparatoria y la universidad en el Tec campus Ciudad de México. Fueron 7 años maravillosos donde conocí gente increíble, me divertí, aprendí y crecí. De tantas veces que me lo repitieron, seguramente me contagie del espíritu emprendedor pero a mí manera. En esos años viví varios temblores en el campus. Siempre decíamos que los puentes se iban a caer en un sismo. Hace una semana pasó.

32 años y seis horas antes del sismo del pasado martes, la ciudad fue víctima de un desastre que quedó grabado en la memoria colectiva. Un terremoto de 8.0 grados en la escala de Richter que derrumbó miles de edificios y mató a miles de personas. Esa tragedia cambió a la ciudad y el país. Sembró la semilla de una sociedad organizada y nos enseñó que debemos estar preparados ante la amenaza de los sismos.

La ciudad está en un zona sísmica de alta actividad. Sabemos que los temblores son nuestra normalidad. Lo aceptamos al habitar aquí y tenemos la responsabilidad de vivir con el riesgo que esto conlleva. Esa responsabilidad está reflejada en la cultura de protección civil y en lo estándares de construcción que tenemos. Estos están diseñados para que la ciudad no repita una catástrofe de las dimensiones del 85.

Hace una semana volvió a temblar. Trágicamente fue el mismo día de hace 32 años, con seis horas de diferencia. Un detalle ominoso de la madre naturaleza.

Trabajo en la Condesa y vivo en la Roma Sur. Lo vi todo ese día. Nunca olvidaré lo que viví: la destrucción, la histeria, los olores, el dolor, los esfuerzos, la esperanza. Imágenes que están grabadas en mi memoria y la de todos nosotros.

En algún punto alguien me dijo que los puentes del Tec se habían caído y había gente en los escombros.Temí por mis amigos, mis profesores, mis conocidos que estaban ahí. Debí llorar en ese momento, como lo hice varias veces a lo largo del día.

Todos los que estudiamos en el Tec sabíamos que esos puentes se iban a caer. Con que muchas personas los caminaran al mismo tiempo se podía sentir la estructura vibrar. Cada que temblaba se dañaban las uniones y caía el yeso del techo.

Y sin embargo, nunca hicimos nada al respecto. Confiamos en las autoridades del campus. Lo normalizamos. Nos pensamos invencibles en nuestra burbuja. Ahora hay quien repite lo que les dijeron: que los puentes estaban diseñados para caerse.

Lo repiten porque lo creen. Porque no lo cuestionan. Porque no pueden creer que el Tecnológico de Monterrey sea responsable.

No soy ingeniero civil (una carrera que no se imparte en dicho campus) pero no puedo concebir la mentira que se sigue repitiendo para eximir culpas: que los puentes estaban diseñados para caerse. No hay lógica. Diseñar algo para que falle no es sólo poco profesional: es irresponsable y criminal.

Las estructuras civiles no se diseñan para caerse en cuestión de segundos, mucho menos sobre una ruta de evacuación. “El hospital se cayó porque estaba diseñado para caerse”, es una frase imposible de sobrevivir al escrutinio. Es igual de verdadero para un puente, una escuela o la grada de un estadio. Las cosas que habitamos deben poder garantizar nuestro bienestar.

Hay responsables de que esos puentes cayeran. Quizá fue el arquitecto que diseñó el campus o quien tuvo la idea de conectar los edificios. Quizá fue la constructora que realizó la obra o quien le dio mantenimiento por 30 años. Quizá fue el delegado que lo autorizó o quien eligió el terreno. Quizá fue el estudiante que sabía que esos puentes eran una bomba de tiempo y no lo denuncio o quien decidió hacer una universidad en zona sísmica. Quizá fue quien diseñó las rutas de evacuación o quien decidió no retirarlos después de las afectaciones de sismos anteriores.

Tal vez lo conozcas. Tal vez es tu profesor. Tal vez es tu colega. Tal vez es tu papá. Tal vez es tu hija. Tal vez eres tú.

Quiero enfatizar que esta denuncia no es un ataque al Tec. El Tecnológico de Monterrey es una institución y como tal, no es un monolito. No puede verse en términos maniqueos. No es un objeto, es una realidad dinámica y compleja, conformada por personas. Esas personas son como tú y como yo. Mujeres y hombres que toman decisiones, que tienen aciertos y equivocaciones. Cuyo trabajo impacta en los demás y por lo tanto tienen la responsabilidad de hacerlo bien.

Todo edificio de gran magnitud construido después del ’85 debe poder soportar un sismo como el de ese año. Las estructuras del Tec no lo hicieron. Se derrumbaron en segundos y sobre rutas de evacuación durante un sismo de magnitud menor (aunque, con una aceleración similar o mayor).

Alguien no hizo su trabajo correctamente y ocasionó la muerte de cinco personas: Juan Carlos, Edgar Michel, Alejandro, Rubén y Luis Manuel. A Luis Manuel lo conocí. Estudiamos la misma carrera. Lo recuerdo como alguien alegre y atento. Lo siento por su familia y amigos. Lo siento por él, por sus planes y la vida que soñó de sí.

Lo siento por todos ellos. Ellos que no tenían por qué morir. No había razón. Esos puentes no debieron fallar. Hay responsables.

Habrá quien diga que no es el momento, que las familias están de luto y la comunidad está sanando sus heridas. Pero nunca será buen momento. Su ausencia duele hoy y dolerá mañana. No he ido al Tec. Me duele. Ver el video me destruye. Pero las pruebas están ahí. Los escombros se deben registrar y los peritajes se deben hacer. Las evidencias se deben recolectar. Los juicios se deben abrir. Se deben de deslindar responsabilidades y los culpables deben pagar. Tienen nombre y necesitamos conocerlo.

Es lo justo. Es lo que las víctimas y las heridas merecen. Es el compromiso que debe hacerse el Tecnológico de Monterrey. Por el bien de la comunidad y de la institución. Quiero a mi alma máter y por eso escribo esto. Porque sé que nunca sanará si no se investigan los hechos y se busca justicia. Es el ejemplo que debe dar en nuestra sociedad corrupta. El Tec puede ser un oasis en este desierto de injusticia. Debe serlo.

Etiquetas
Comentarios
Top