OPINIÓN | Jesús Álvarez Cibrián, el ombudsman dañino

felipe álvarez cibrián, un ombudsman dañino

Paul Alcántar*

Twitter: @paulalcantar

El desgaste que Felipe de Jesús Álvarez Cibrián deja a la Comisión será difícil de reparar. La legitimidad institucional fue anulada por los posicionamientos públicos que el ombudsman justificó ante claras violaciones de los Derechos Humanos y que se ven con mayor claridad en sus omisiones y fobias personales que se volvieron silencio. Toda organización social  ve en esta institución un desperdicio político.

Se dejaron pasar múltiples oportunidades para fortalecer a la Comisión. Las agendas de avanzada por la movilidad social y los posicionamientos de diversos actores de Jalisco frente a las acciones del Gobierno del Estado, debieron ser el combustible  para hacer de la institución un defensor ecuánime de los Derechos Humanos. Incluso aquellas que fortalecían al Estado laico, como el derecho a decidir de las mujeres y el matrimonio igualitario, pasaron sin el apoyo de Álvarez Cibrián y no sólo eso, sino que la postura personal permeó en un discurso totalmente dogmático y conservador que lo llevaron al repudio.

El activismo supo desmarcarse a tiempo e impugnaron por una salida que no dañara más la reputación del organismo, sin embargo tuvo consecuencias significativas. La falta de ciudadanos simbólicos en los consejos ciudadanos de la Comisión permitió que el terreno político ganara frente a las demandas sociales y palpables que crecieron en la última década. Peor aún, la falta del sentido común se apoderó del organismo y ante las omisiones de su titular, se intentó sacar a Álvarez Cibrián de la CEDHJ a través de un cabildeo infructuoso. 

Todos los argumentos fueron desechados por los liderazgos partidistas y la permanencia del actual Presidente fue condicionada para solapar los agravios y denuncias hacia las instituciones públicas.

Si sumamos su inacción con la frivolidad que este personaje caracterizó como un lastre más del aparato burocrático de Jalisco, resulta que la CEDHJ se ha convertido junto con la Auditoría  Superior del Estado en los organismos con mayores costos económicos y menores resultados de impacto para el bienestar común.

Ahora como botín de los partidos políticos, este organismo descentralizado tendrá nuevamente la oportunidad de desmarcarse de ellos y pasar a una dirección ciudadana que mantenga a raya cualquier interés del gobierno en turno.

La preocupación pública de diversas organizaciones sociales y de la iniciativa privada  sale nuevamente a flote.  La mala administración de Álvarez Cibrián sí coloca a la CEDHJ al margen del descrédito por la infuncionalidad para lo que fue creada. Incluso la nómina del titular la Comisión ha sido la razón para que algunos aprovechen la crisis de legitimidad y lancen argumentos que buscan el desmantelamiento de los mecanismos de vigilancia hacia el Estado y sus municipios frente a las violaciones que siguen incrustadas en las dependencias gubernamentales, particularmente la tortura y la desaparición forzada.

Los grupos parlamentarios y los intereses del Gobierno estatal ya mueven sus fichas para mantener el control político de los daños que estarían por venir en las próximas administraciones. Ante el escenario político enrarecido será indispensable vigilar con lupa el proceso de selección que se imponga para las y los participantes.

Todo parece indicar que el PAN exige esa “cartera” como parte de una serie de negociaciones que ha levantado a más de un par cejas.

Si el activismo pierde otra vez la tutoría de quien dirija la Comisión, entraríamos a un retroceso diametralmente mayor frente a la partidocracia. Por otra larga temporada, la entidad entraría a una etapa de claroscuros de la defensa institucional por los Derechos Humanos que traería consecuencias garrafales.

 

*Analista político

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