#OPINIÓN La presencia de las mujeres en la migración hacia Estados Unidos.

Jacqueline Romero García*

Foto vía Enelcamino de Periodistas de a Pie. 

Seguramente la mayoría de nosotros hemos escuchado hablar sobre los problemas que la migración ocasiona en Estados Unidos o en México debido a la llegada de personas “indocumentadas” que buscan encontrar un empleo y así poder sostener a su familia, pese a que se encuentren a miles de kilómetros de distancia; empleos, que quitan a los ciudadanos de esos países y ahora se están distribuyendo con personas “ilegales”, además de la diversidad cultural que está generando este fenómeno, lo que ha ocasionado que, problemas como el racismo vallan aumentando su presencia en la sociedad estadounidense, al igual que en la mexicana, así como el hecho de los incrementos en los índices de inseguridad, que muchos afirman que en algunas zonas de estos dos países se debe a la presencia de indocumentados.

 

 

 

 

Sin embargo, también es cierto que este fenómeno cuando tratamos de ponerle una máscara, siempre le terminamos poniendo mascaras masculinas, porque así es, para la sociedad en general, el fenómeno migratorio es un problema  “masculino”, de hombres, como si sólo ellos fueran los que migran ilegalmente de Latinoamérica hacia Estados Unidos, y cuando llegamos a ver a una mujer entre ellos, nuestra mente comienza a idealizar que esa mujer no tiene espacio dentro del fenómeno.

Esas ideologías que como sociedad hemos ido creado, nos han llevado a pensar que está mal que las mujeres quieran realizar ciertas actividades que son “únicamente para hombres” o viceversa, como es el caso de la problemática sobre la migración ilegal. Pero la realidad es que en el caso del fenómeno migratorio aunque lo caracterizamos como un fenómeno el cual solo deberían enfrentar los hombres, también las mujeres pasan por las mismas situaciones que incentivan a los hombres a querer emigrar, aunque sea de manera ilegal, a otro país a fin de conseguir una mejor calidad de vida, no sólo para ellos, sino también para sus familias.

Generalmente, tendemos a pensar dicho fenómeno es sólo para los hombres por todo el proceso tan cruel y pesado por el que tienen que pasar a fin de lograr llegar a la frontera norte de México y así poder cruzar hacia Estados Unidos, y que por esos motivos, las mujeres no deberían exponer sus vidas y su seguridad, de la misma manera que los hombres lo hacen. No obstante, pese a lo inhumano que llega a ser el proceso de migración ilegal de los países latinos hacia Estados Unidos, las mujeres deciden arriesgarse de la misma manera que lo hacen los hombres, por tal de lograr conquistar ese “sueño americano”.

También, debido a ese proceso tan duro y sanguinario que atraviesan tanto hombres como mujeres en su paso por llegar al país que para muchos es el país de ensueño, Estados Unidos, es que el número de mujeres que migran es mucho menor en comparación con la cantidad de hombres. Un punto más que nos hace pensar como sociedad, que el fenómeno es masculino.

Además, como muchas de ellas lo comentan, tanto las personas externas al fenómeno, como los que participan en el proceso de la migración ilegal, se aprovechan de ellas mismas para hacerles entender que en ese proceso no hay espacio para ellas, y que dé así quererlo su sufrimiento tendría que ser aún peor al que se enfrentan los hombres, porque ellas no son igual de fuertes que ellos, no tienen la misma valentía en ciertas ocasiones que ellos, y siempre ellas tienden a ser más sentimentales y quejumbrosas que los hombres.

Sin duda el proceso de la migración ilegal de los y las latinos hacia Estados Unidos por sí solo es un proceso muy cruel, pero si a eso le sumamos que las mujeres no son aceptadas dentro de este y que la sociedad tiende a denigrar más a este grupo de personas, por ende el nivel de vulnerabilidad será aún mayor para ellas.

Lo que tenemos que entender, como se mencionaba antes, es que así como los hombres enfrentan motivos para huir de sus comunidades en busca de un lugar donde puedan estar a salvo o en busca de un empleo para que su familia no muera de hambre; también las mujeres se enfrentan a esas mismas situaciones. Los principales motivos que obligan tanto a hombres como mujeres a querer migrar hacia Estados Unidos, en Latinoamérica son, la falta de empleo, falta de oportunidades de desarrollo, falta del cumplimiento de las necesidades básicas, quiebre en el sistema social en el que se desarrollan y la inseguridad.

 

Y en su conjunto lo que provocan es que exista una imposibilidad de seguir habitando en su lugar de residencia y ahora se tengan que ver obligados a migrar y a buscar una mejor calidad de vida en un país ajeno al suyo, ya que su comunidad y su país en general, no son capaces de proveerles lo necesario para lograr que se queden ahí y no se vean en la necesidad de tener que salir huyendo de sus comunidades.

Pero en el caso de las mujeres, además de existir esos incentivos bases para que se vean obligadas a dejar su comunidad, también está el aspecto del abandono de hogar por parte de sus esposos o el que ejerza el “sustento” en la casa. Ya que si bien, es importante mencionar que en América Latina, la mayoría de los Estados aún viven bajo la cultura de la familia patriarcal y machista, donde el hombre de la casa es el que se debe encargar de ejercer el control y tomar el sustento de la casa, y por ende él es el primero que toma la obligación de emigrar, para una vez que llegue a Estados Unidos y consiga un empleo, pueda enviarle a su familia una parte de lo que gana y se sigan manteniendo.

El problema surge  con el paso de los años, cuando ese “sustento” de la familia deja de enviar dinero, es deportado o detenido. En ese momento, las mujeres además de sufrir por tener una familia corrompida y durante mucho tiempo estar sobreviviendo bajo el sustento económico de alguien que se encuentra a miles de kilómetros de distancia, después de que ya no cuentan con ese sustento, ahora ellas tienen que buscar la manera de sacar adelante a su familia, por lo que la opción que les queda, no es otra más que la de seguir los mismos pasos que los hombres, y que lo que han hecho la mayoría de los que se encuentran en su comunidad.

De acuerdo con datos de la CONAPO, la migración de mujeres en los últimos años ha aumentado de un 18% a un 25% del total de migrantes latinos que van hacia Estados Unidos. Y en el caso de las remesas mexicanas, según la Secretaría de Relaciones Exteriores, el 20% de las remesas totales provienen de mujeres migrantes. Es por ello, que el fenómeno migratorio ya no debe concebirse únicamente como un fenómeno de y para hombres, las mujeres también están dentro de él y su presencia cada vez es mayor, por lo que los niveles de inseguridad para ellas, sobre los que presentan los hombres, deberían comenzar a disminuir y no continuar en aumento, ya que no es justificable los abusos y violaciones que ellas reciben a lo largo de este proceso por el solo hecho de ser “mujeres”.

 

 

*Estudiante de Relaciones Internacionales, en el Tecnológico de Monterrey (ITESM), campus Guadalajara.

 

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