OPINIÓN | Mar de solidaridad con fondo de desigualdad.

 

Máximo Ernesto Jaramillo Molina (@majm34)

Foto vía cuartoscuro.com

Ciudad de México a 04 de octubre de 2017.- A pesar de que ha sido muy importante la labor de la sociedad civil en los días posteriores al sismo, que nuevamente golpeó México un 19 de septiembre, no debemos olvidar que esta debería ser responsabilidad del gobierno. Recordemos que el bienestar tiene distintos pilares, y qué tanto se descansa sobre ellos es algo que varía según diferentes sociedades. Nos ha quedado claro con el paso de los años que en México ni el pilar del Estado ni del Mercado son capaces de proveer bienestar, como lo hacen en otros países. Y parece que hemos naturalizado esta situación.

 

Pero en tiempos de emergencia nacional, como la semana que hemos vivido después del sismo, es sumamente ofensiva la ausencia del Estado y del Mercado. Si bien hemos normalizado su ausencia, durante esta crisis debería ofendernos que no hayan coordinado y no hayan proveído lo necesario para las labores de rescate, que no tengan un plan de acción ante la crisis y que se hayan propuesto a lucrar con la tragedia.

 

Porque los supermercados y las empresas recibieron a manos llenas el dinero de los voluntarios que iban y compraban lo necesario para las labores de rescate, los víveres que se solicitaban en los centros de acopio y las medicinas que faltaban para atender a los heridos. Porque Comercial Mexicana ofrecía aportar dos despensas por cada una que fuera adquirida en sus tiendas, como si fuera una usual promoción de 3×1. Porque no aprendieron de la ya famosa anécdota de la ferretería en la Condesa (uno de los lugares más afectados en CDMX) quien donó todo su inventario para apoyar de inmediato en las labores de rescate. Porque son contados los casos de las empresas grandes, de las que conforman los grandes oligopolios en México, que vaciaron sus bodegas donando ante la emergencia. Porque el show que montó Televisa es lastimero y penoso en su búsqueda de raiting. Porque la élite empresarial en México no es solidaria, es rapaz, como siempre lo ha sido.

 

De igual manera, el actuar del gobierno no sólo es triste por inútil e inoperante, sino criminal por corrupto y por ser responsable de gran parte de la tragedia. Porque la corrupción ha permitido la construcción de edificios que no cumplen los estándares requeridos en una ciudad con fuerte actividad sísmica. Porque permitieron la situación deplorable en la que laboraban las trabajadoras de la fábrica de Chimalpopoca. Porque es también responsable de los permisos falsos del Colegio Rebsamen. Porque los puentes del Tec de Monterrey estaban diseñados para caerse”. Y porque, como si fuera poco lo anterior, se ha dado el lujo de dirigir el acopio de la sociedad civil hacia sus bodegas, para luego repartirlo con el sello de la administración en turno. Porque no sólo fue responsable de la tragedia, sino que estorbó durante el estado de emergencia.

 

Fuimos nosotros (la sociedad civil) los que respondimos rápidamente a la emergencia de más de 40 edificios derrumbados en la Ciudad de México. Fuimos nosotros los que comenzamos las labores de rescate. Fuimos nosotros los que llevamos las herramientas. Fuimos nosotros comenzamos a levantar escombros. Fuimos nosotros los que llevamos medicamentos a los hospitales, cobijo a los albergues y alimento a los damnificados.

 

Una emergencia nacional en el año 2017 en tiempos de noticias por redes sociales, de coordinación de la solidaridad por whatsapp, de civiles organizando la oferta y demanda de apoyo a los damnificados y verificando la información compartida, de jóvenes voluntarios haciendo fila esperando su turno para el relevo, es equivalente a la toma del vacío de poder que el Estado ha dejado y a la corrección de las fallas del mercado que sabemos de hace décadas y no hemos hecho mucho por cambiarlas.

 

Esa toma de poder es algo que no debería olvidarse. Después del sismo del 19 de septiembre, no deberíamos esperar levantar escombros, contar muertos y volver a la normalidad. Los responsables por negligencias y por búsqueda de beneficios durante la tragedia deberían ser castigados. Y la sociedad civil, que ahora recuerda su gran capacidad de organización en la anarquía y su fuerte poder redistributivo, debería acabar con la naturalización y legitimidad de las desigualdades en México, y promover acciones para un cambio estructural en la sociedad. Porque muchas de las localidades damnificadas en Morelos y Puebla (y hasta en Xochimilco) han vivido en situación de pobreza extrema por décadas, pero es hasta ahora que las inundamos con el mar de solidaridad. Después del sismo, nada debería volver a la normalidad.

 

 

 

 

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