OPINIÓN | ¿Perder para ganar?

Fernando Tiscareño Cabello*

@tiscasj

Foto de ilustración: Juan Carlos Osorio en un entrenamineto de la Selección Mexicana

 

No existe ambiente social sobre la tierra que no esté determinado por lo que dictaminan las leyes. Si una persona arroja un objeto al aire, no existe ley que contradiga que éste va a caer inmediatamente a la velocidad que determinará su peso y la distancia en relación con el límite establecido por el lugar de impacto; si calientas un poco de leche en los quemadores de la estufa o en el microondas, no existe ley que contradiga que pasados los 95° indudablemente entrará en estado de ebullición, subirá y va a derramarse, a menos que “le bajes” o apagues el “micro”; no existe ley que contradiga que si colocas tu dedo en la flama de una vela, te quemarás. Sí, estamos determinados por leyes.

Nuestro querido deporte nacional, aunque reconozco el riesgo que existe al afirmar esto, parece no quedar excluido de tal determinación. Es muy simple la comprensión de tal afirmación, pues ¿qué equipo no fue fundado con el objetivo de ser campeón?, es decir, la ley determina, o al menos así lo comprendemos todo, que ganar el campeonato sería el principal objetivo de todo club. Todos estamos entendidos en ese aspecto y hasta ahí no existe ningún reproche. Ahora, eso no quiere decir que todos han sido acreedores a tan prestigiosa distinción, pues hay varios equipos en el circuito profesional que jamás han levantada algún trofeo y quizá no sé si esos clubs estarían de acuerdo con tal afirmación a pesar de los vanos intentos por alcanzarlo.

Sin embargo, y aquí viene el arroz negro de la sopa, ¿será que toda institución, inclusive deportiva, está encaminada a seguir la determinada ley de ser campeón? Si pensamos desde una perspectiva objetivista diríamos que sí y a nuestros ojos parece que siempre ha sido así. Entonces podríamos considerar como contradictoria la idea de imaginar que existe una institución que no ha sido creada para alcanzar objetivos claros como los de ser campeones.

¿A qué viene tan intelectual y sociológica afirmación? Hace algunos días, nuestros distinguidos y legalistas comentaristas deportivos junto con miles de aficionados estudiosos del fútbol, criticaron en redes sociales una playera que Juan Carlos Osorio mostró en uno de los entrenamientos de preparación para la Copa Oro de la Selección Mexicana con el siguiente mensaje: “Improbable ganar sino asumimos la posibilidad de perder!” Dejemos de lado el par de errores ortográficos y centrémonos en lo subliminal del mensaje. ¿Será que existe la posibilidad de ganar si se pierde? ¿Es posible entonces pensar que se gana más si se pierde que si se gana?

Parece que Osorio una vez más nos muestra lo radical de su pensamiento y cómo nosotros tenemos mucho que aprender todavía sobre el fútbol, pero, sobre todo, sobre nuestra manera de concebir la idea de ganar, de la objetividad, del resultarismo. Emile Durkheim, sociólogo francés dedicó gran parte de sus investigaciones a comprender cómo el mundo social se desenvuelve por el andar y las decisiones de los miembros del mismo. Así, en un texto titulado Sociología y ciencias sociales recupera el análisis de Montesquieu donde se plantea que en los medios sociales estamos también determinados por leyes, además de las físicas, químicas y biológicas. Sin embargo, el espíritu de dichas leyes sociales tiene como principal objetivo “mostrar cómo las instituciones están fundadas en la naturaleza de los hombres y de sus medios”, es decir, son los seres humanos que en su necesidad de autoafirmación pueden dominar éstas ya que las otras sobrepasan la capacidad de dominio humano.

¿Qué tiene que ver esto con el mensaje de Osorio? Fácil: cabe la posibilidad de que la ley del fútbol no sea justamente la de ganar para ganar, sino que existe la posibilidad de perder para ganar. Y no es un cliché de programa de superación personal, no. Se trata realmente de reconocer que las leyes sociales no solamente no deben estar determinadas por los intereses como el de ganar la Confederaciones o la Copa de Oro con la justificación del ‘deber’, sino que nosotros, animales racionales que cohabitamos con otros de nuestra misma especie y nos juntamos para compartir lo que la naturaleza y el medio social nos ofrece (que al final son nuestros propios afanes), también podemos ganar por aquello que trae la derrota, por la capacidad de resiliencia que sólo el ser humano tiene, porque también se puede construir desde la derrota. Una visión utilitarista y económica jamás comprenderán este análisis a pesar de los esfuerzos que hagan.

Difícil tarea la comprensión de tal reflexión en medio de un mundo globalizado que apunta al éxito, a la rotunda ganancia, a la dinámica de alcanzar objetivos, pero que, por otro lado, muestra cómo ha sucumbido frente a un sistema social que no se sustenta y se fractura frente a la manifestación de la inconformidad, del reproche y la insatisfacción de las mayorías. Quizá Osorio quiere mostrarnos que estamos en un momento privilegiado de aprender que el fútbol es fútbol a pesar de todo lo que se quiere obtener a través de él.

 

*Este artículo fue publicado originalmente en el sitio tiempoextra.mx.

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