OPINIÓN ¿Cómo podemos vincularnos con el Consejo Nacional Indígena?

Francisco Talavera Durón

Foto:  Subversiones.org 

La esperanza por recuperar el país se desvanece como lo hace el detergente y los residuos fecales en los contaminados ríos del país. Las recientes elecciones en el Estado de México, son un ejemplo de ello, muestran la fragilidad de las instituciones, la fortaleza del ciclo perverso entre el tráfico de la pobreza y la compra de votos, la complicidad entre el Estado y los grupos criminales. El país se nos cae a pedazos, desde hace mucho tiempo y muchos de nosotros negamos la existencia de una guerra cuyo principal objetivo es exterminar cualquier posibilidad de ponernos de acuerdo.

Los asesinatos de Miroslava, Javier y Valeria nos dejan en una condición zombie (muertos en vida) condenados al dolor y a la incertidumbre. Todos los días nos levantamos con la enorme posibilidad de que seamos el próximo desaparecido, silenciado y desempleado.

No sabemos en quien confiar, estamos rodeados de simulaciones perversas, no hay una clara diferencia entre el bien y el mal. Creemos que la mierda de la cloaca no va romper la efímera burbuja de nuestro confort. De manera diversa y cotidiana experimentamos múltiples despojos.

En medio de una severa crisis de credibilidad de la democracia representativa surge la propuesta de una candidata indígena hecha por el Congreso Nacional Indígena: María de Jesús Patricio, no es una candidata tradicional, no busca el poder, no tiene interés por ganar la contienda electoral del 2018. Uno de los objetivos centrales de la vocera indígena es recuperar el sentido del trabajo político: la defensa de lo común y la posibilidad de organizarnos para enfrentar la guerra.

La organización no va venir desde el sistema del Estado y sus instituciones, al contrario son estos entes los que buscan desarticular luchas y resistencias, aislarlas y confinarlas a intereses de grupo.  El Estado Mexicano emplea el miedo para inhibir la organización comunitaria. La propuesta del Congreso Nacional Indígena y su vocera se centra en que la fuerza política deberá de venir de los comunes, de los ciudadanos de pie, de abajo hacia arriba.

Marichuy es parte de la cosmovisión de los pueblos originarios, nació en Tuxpan Jalisco, una zona cultural habitada por las comunidades nahuas. La historia de la región se caracteriza por un conjunto de experiencias de resistencia indígena.

Las comunidades y los pueblos originarios han experimentado el despojo. En la historia de este país han sido tratadas como un problema nacional, como un sector vulnerable que representa un obstáculo para el desarrollo nacional.

Campañas, proyectos, planes estratégicos se han destinado a “combatir” el rezago económico y social de las comunidades indígenas; sin embargo el resultado ha sido la creación del paternalismo, una pieza clave en el tráfico de la pobreza y en él debilitamiento de la organización comunitaria.

En el discurso de la mayor parte de las instituciones se reconoce la importancia del carácter pluricultural de nuestro país. Mientras que en la vida cotidiana es más fácil asociar el carácter étnico con una etapa del pasado glorioso vinculado a la majestuosidad de las pirámides que como una oportunidad para ampliar y enriquecer nuestros horizontes culturales.

El político tradicional cuando se refiere a los pueblos originarios siempre lo hace bajo la expresión: “nuestros pueblos indígenas”, dicha expresión refleja una actitud fundamentada en la tutela de las comunidades, anula la importancia de la organización indígena forjada en él arte de la resistencia.

Las comunidades y los pueblos originarios representan una pieza clave para resolver los problemas nacionales. Muchos expertos coinciden en mencionar que ante la severa crisis de derechos humanos es trascendental reconstruir el tejido social.

Alfonso Alfaro (2015) señala que la noción de tejido social hace referencia a la configuración de vínculos sociales e instituciones que favorecen la cohesión y la reproducción de la vida social, a partir de tres elementos básicos de la seguridad  comunitaria: vínculos, identidad y acuerdos.

Sin ánimos de idealizar a las comunidades, las asambleas indígenas son un ejemplo claro del tejido social, el sentido de lo comunitario, a pesar de que no están exentas de ser secuestradas por liderazgos partidistas y caciquiles, representa un espacio de cohesión y de toma de decisiones de manera pública e incluyente.

Cuando una persona es nombrada como autoridad o mayordomo en una comunidad indígena, se hace porque es un líder moral, tiene un respaldo ético, su liderazgo ha sido crucial para la defensa de lo comunitario. Quien tiene un cargo tiene una oportunidad de servir a su comunidad sin recibir un salario de por medio. Un cargo comunitario es una forma de regular la riqueza y de fortalecer los vínculos comunitarios. Para los políticos tradicionales los cargos públicos representan lo opuesto, es un camino directo a la concentración de la riqueza, al tráfico de la influencias y al ensanchamiento de los intereses de grupo.

El arraigo y el vínculo cultural que tiene los pueblos originarios es un instrumento valioso en la defensa del territorio. En mucho de nosotros prevalece una centralidad en lo individual, ante el despojo de las instituciones, de las empresas transnacionales y el crimen organizado tenemos que formar una red de vínculos que pueda cobijarnos para enfrentar la guerra.

Lo que tenemos en común con la diversidad de comunidades indígenas es el despojo. El despojo ha sido una política pública promovida por el estado mexicano. Nuestros despojos provienen la de la misma raíz que los despojos de las comunidades indígenas. Nos han despojado de la calidad de vida, del trabajo como elemento de dignidad humana, del vínculo con la naturaleza, de la empatía y preocupación por el otro, de los derechos humanos, de la construcción de la esperanza.

Ahora que el paradigma del norte se está llenando de muros, es momento de abrirnos hacia el sur. El sur es el horizonte de los pueblos originarios que nos puede ayudar a formar gobiernos comunitarios en los que se dignifique la política: la defensa de lo común. Tenemos el derecho inalienable de ponernos de acuerdo, el Congreso Nacional Indígena es la base de ese telar de voces en resistencia.

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