Un país fuera de la realidad: INEGI desafiando las leyes de la economía.

Máximo Ernesto Jaramillo Molina

Como comenté en mi publicación de la semana pasada, son muchas las incongruencias que presenta la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2016, levantada por el INEGI y cuyos resultados fueron presentados el pasado 28 de agosto. De igual manera, se ha comentado en diversos espacios que el CONEVAL no debería haber aceptado los datos de INEGI como suficientes para llevar a cabo su tarea legal: la medición oficial de la pobreza en México.

Como tal vez ya lo saben, la medición de la pobreza en un país es sumamente importante, por lo cual hay muchos intereses detrás que pueden pugnar para cambiar dicha cifra. La importancia de esta medición radica en 1) la dirección que puede tomar la política de desarrollo social de un país, 2) la identificación de los hogares y las personas que “merecen” ser beneficiarios de programas sociales, 3) el éxito o fracaso atribuido al gobierno en curso, entre otras razones.

En particular, el CONEVAL e INEGI terminaron dándole un regalo al gobierno de Peña Nieto. Durante su sexenio, y según cifras pasadas generadas por estas instituciones, de 2012 a 2014 la pobreza en el país había aumentado por cerca de dos millones de personas. Por esta razón, este tema fue uno de los puntos más destacados durante el 5to informe de gobierno del sexenio de Peña Nieto, presentado hace unos cuantos días: Según las cifras oficiales (de CONEVAL), la pobreza había disminuido de 2014 a 2016, de 46.2% a 43.6% de los hogares en México.

El problema es, como dice Julio Boltvinik en su artículo de la semana pasada, los mentirosos tendrán siempre el problema de que sus mentiras serán inconsistentes. Las modificaciones que hiciera INEGI para inflar artificialmente los datos del ingreso en México no cuadran con los datos del gasto, los cuales parece que no han sido se vieron afectados por las modificaciones en el levantamiento de las encuestas que arbitrariamente hiciera la institución. A continuación presento en forma resumida las incongruencias entre los cambios de ingreso y gasto en los últimos dos años, según la fantasía que nos cuenta el INEGI, y que de paso desafían algunas de las leyes empíricas más universales de la economía.

La incongruencia en la ENIGH 2016 es visible cuando se analizan los datos del cambio, respecto a 2014, entre los ingresos y los gastos de los hogares[1], según las cifras que nos da INEGI. Como se puede ver en la siguiente tabla, el INEGI dice que el ingreso promedio de los hogares en México incrementó en 11% tan sólo en 2 años. A pesar de eso, el gasto promedio en el país habría disminuido, si es que compramos la historia que cuenta la institución de estadística.

Dichos datos desafían lo que se ha dicho por años en la ciencia económica, en donde se propone que el gasto (consumo) depende, en parte, del ingreso que tienen los hogares. Así pues, con un aumento del ingreso, habrá un porcentaje de dicho ingreso que se dedique directamente a un aumento del gasto (este porcentaje se conoce como propensión marginal al consumo). En este caso, México sería un caso atípico, ya que en promedio el consumo habría disminuido, a pesar de que hubo un aumento en el ingreso. De hecho, para la mayoría de los hogares, sería tan bajo el porcentaje de dicho aumento en el ingreso que se está dedicando a aumentar el consumo, que parecería que vivimos en un país de primer mundo.  En países como el nuestro, con niveles tan altos de pobreza, lo más normal es que al haber un aumento en los ingresos, los gastos también aumenten, por cierto, en un gran porcentaje. Nada de esto cuadra con lo que nos muestra el INEGI.

Tabla 1: Cambio en ingresos y gastos corrientes, 2014-2016.

(descontando inflación).

DecilIngresoGastoAhorro
I0%4%-12%
II6%3%-12%
III8%2%16%
IV8%2%55%
V10%4%138%
VI11%4%534%
VII11%5%111%
VIII11%2%56%
IX10%1%68%
X14%-9%49%
Total11%-0.7%76%

Fuente: Elaboración propia con datos de ENIGH 2014 y 2016.

Según estos dudosos datos, al aumentar el ingreso y disminuir el gasto, habría una clara repercusión en el ahorro. Así, el ahorro habría aumentado inmensamente para la mayoría de los deciles (un decil equivale a un 10% de la población, en este caso ordenando la población por su nivel de ingreso), aumentando en 76% en el promedio de los hogares. Estos datos son simplemente insostenibles.

Tabla 2: Ingresos y gastos corrientes mensuales, 2014-2016.

(precios constantes a 2014).

Decil20142016
IngresoGastoAhorroIngresoGastoAhorro
I$2,572$3,579-$1,006$2,581$3,709-$1,128
II$4,241$4,989-$748$4,489$5,117-$628
III$5,559$6,051-$492$5,979$6,200-$221
IV$6,892$7,166-$274$7,444$7,339$105
V$8,301$8,206$95$9,106$8,504$601
VI$9,952$9,318$633$11,009$9,670$1,339
VII$12,075$10,704$1,371$13,409$11,274$2,135
VIII$15,161$13,000$2,161$16,870$13,238$3,632
IX$20,731$16,940$3,792$22,767$17,136$5,631
X$46,962$34,497$12,465$53,365$31,413$21,952
Total$13,240$11,442$1,798$14,701$11,360$3,341

Fuente: Elaboración propia con datos de ENIGH 2014 y 2016.

Por último, puede hablarse de la Ley de Engel. Esta es una de las leyes más universales en economía, que se cumplen en prácticamente todos los contextos. Dicha ley dice que, al aumentar los ingresos, disminuye el porcentaje de gasto en alimentos. Curiosamente, nuestro país resultó ser un caso atípico. El caso mexicano es único, ya que el porcentaje que representan los gastos en alimentos sobre el total de gastos habría pasado de 34.12% en 2014, a 35.20% en 2016. Hay dos opciones, México es un nuevo paradigma en el comportamiento macroeconómico, o modificaron algo sucedió con los datos durante estos dos años.

La realidad es que, con todo el manoseo que hicieron INEGI y SEDESOL para modificar el reporte de ingresos en México, simplemente no podemos confiar en las cifras que nos presentan. Pero esto tiene consecuencias. Debemos de tener claro que nadie en México puede afirmar que los ingresos subieron, porque hay muchas dudas en la metodología y otros aspectos, que invalidan la fiabilidad de los datos. Por eso debemos descartar inmediatamente la ENIGH 2016, y dejar de usarla, por ejemplo, para medir la pobreza. Y, por favor, que Peña Nieto y los gobernadores de los estados no se atrevan a decir que la pobreza en México se redujo, cuando es más que claro que lo único que hicieron fue modificar las cifras, dejando la realidad igual.

[1] También ver artículo de Araceli Damián “Si los ingresos de los hogares aumentan, ¿por qué no sus gastos?”

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