¿Quién gana y quién pierde con la política proteccionista de Trump?

Bernardo Jaén Jiménez

 

Durante 2015, México exportó 380.6 miles de millones de dólares (mmdd) e importó 395.2 mmdd, a nivel global tenemos un déficit comercial muy importante; 81.1% de las exportaciones se enviaron a los Estados Unidos. Sin embargo, en el comercio bilateral, México tiene un superávit comercial con Estados Unidos de 122.0 mmdd. Uno de los determinantes de este balance  a favor de México es el Tratado Comercial con América del Norte (TLCAN) que inició en enero de 1994. A primera vista, parece que la cancelación de este acuerdo afectaría más a México porque más del 80% de nuestro mercado se encuentran en Estados Unidos, sin embargo no es así ya que el grueso de esas ventas la realizan empresas transnacionales norteamericanas.  

Las políticas de apertura comercial que impulsaron los países desarrollados, encabezados por Estados Unidos durante los ochenta se diseñó para favorecer principalmente a las empresas transnacionales de esos países. Durante las negociaciones que sostuvo México previo a la firma del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) se debatió que nuestro país estaba en desventaja ante las economías del norte y que por tanto no era favorable la firma de este acuerdo. México venía saliendo de la crisis de la deuda que detonó en 1983 y que duró hasta finales de los ochenta, de 1983 a 1990 la economía de México prácticamente no creció nada.

En el contexto de esa crisis, el gobierno de Miguel de la Madrid desmanteló el aparato proteccionista que México mantuvo durante las cuatro décadas previas. La política de apertura se usó como política antiflacionaria (la inflación llegó a 160% en 1986), así que Miguel de la Madrid desoyendo las críticas del sector empresarial que se opuso a esta medida, eliminó de manera radical y unilateral las barreras comerciales durante 1985 y 1987.

Por tanto, la firma del TLCAN en diciembre de 1992 y su entrada en vigor en enero de 1994 sólo fue para dar certidumbre y permanencia a la apertura comercial que México ya había realizado. La firma de este tratado también incluyó cambios sustanciales en la ley de inversión extranjera lo cual favoreció mayores flujos tanto de inversión directa como indirecta (inversión especulativa). Estas modificaciones en el  marco legal de las inversión extranjera directa (IED) no fue exclusivo de México, muchos países del mundo, principalmente en desarrollo impulsaron cambios legales para favorecer mayores flujos de IED.

El año 2015 México recibió uno de los mayores flujos de inversión extranjera directa, ingresaron 32,864 millones de dólares, 51.8% fue de empresas estadounidenses, un poco más de toda la inversión,  50% se dirigió al sector manufacturero. En el período de 2011 a 2015, 37.5% de la IED proveniente de Estados Unidos se dirigió a la industria automotriz y autopartes, por ejemplo, 29% de la producción automotriz en México es de las empresas Ford y General Motor. Así que si Donald Trump cancela el TLCAN o impone nuevos aranceles afectará las exportaciones de sus empresas.

El nuevo presidente de Estados Unidos, además ha “invitado” a las grandes empresas transnacionales a trasladar su producción a su país; esta política también afectará en el mediano plazo la competitividad de sus empresas. En el último reporte sobre inversiones extranjeras de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), se reporta que el margen de rentabilidad como proporción del acervo de capital ha venido decreciendo en la última década, en 2015 se ubicaba en apenas 4%. Esto es resultado de la fuerte competencia que se registra en los sectores industriales más dinámicos, como el automotriz y electrónicos.

Las empresas automotrices de E.U. han podido competir con las japonesas, alemanas, coreanas por los bajos costos laborales que pagan en México, un trabajador de esa industria recibe de sueldo 5 dólares por hora en México y de 27dólares en E.U., una diferencia abismal. Si Donald Trump logra su objetivo de que las empresas de autos trasladen su producción a su país de origen, las empresas estadounidenses tendrán grandes problemas para competir con la de otros  países.

Es claro que Donald Trump no entiende cómo funcionan los mercados, no entiende que todas las políticas tienen externalidades (efectos indeseados o no esperados de las políticas); si persiste en impulsar su política proteccionista se estará dando un balazo en su propio pie. Por tanto, es previsible que dentro de los E.U. se forme una fuerte oposición de los grandes sectores empresariales que no estarán dispuestos a perder mercados en el mundo.

La teoría del comercio internacional pronostica que la firma de un acuerdo comercial es un juego de suma positiva donde todos los socios ganan, por tanto en su disolución, todos pierden, la pregunta es, ¿quién pierde más? Como se muestra aquí, E.U. tendría grandes pérdidas comerciales que no podrá recuperar en el corto plazo.

Pero ese es un problema que tendrá que enfrentar Donald Trump, por lo que corresponde a los mexicanos, es momento de aprovechar esta coyuntura para cambiar el modelo económico impulsado en las últimas décadas, uno de sus rasgos más visibles ha sido los amplios beneficios que recibe la inversión extranjera, en detrimento de la inversión local. ¿tendrá el gobierno de Peña Nieto la capacidad y voluntad para empezar a mirar hacia dentro y hacia el su del continente?

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