Retomar el rumbo: defendamos la Constitución de las reformas neoliberales

Por: Candelaria Ochoa Ávalos (@CandeOchoaA)

4 de febrero de 2017. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos cristalizó los deseos de muchas y muchos mexicanos que, a principios del siglo XX, anhelaban el derecho a la tierra, la educación gratuita y el acceso a un trabajo digno con salarios justo. Nuestra Constitución ratificó también la separación Iglesia-Estado. Dichas demandas construyeron el México post-revolucionario y nos dieron un marco de justicia que, desafortunadamente, fue parcial y actualmente está lejos de alcanzarse.

Hoy, en la conmemoración del centenario de nuestra Constitución, debemos reflexionar acerca de los más recientes ataques a nuestra Carta Magna y al anhelo de quienes la redactaron. Sí, me refiero a las reformas neoliberales, que rimbombantemente han denominado “estructurales”, las cuales, lejos de constituir un paso hacia la justicia, han allanado el camino a la venta de nuestros recursos petroleros.

Por ejemplo, la reforma fiscal, más que ayudar a una mejor recaudación, ha sido dañina para los pequeños contribuyentes y la clase media, provocando también la evasión fiscal de los grandes consorcios y los monopolios. La reforma educativa, más que generar un cambio estructural e inversión a la educación pública, castigó al magisterio y no les ha dado oportunidad de desarrollo; al contrario, se le culpa injustamente de todos los errores del sistema.

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A cien años de la Constitución, la crisis por la que atraviesa este país es grave. Social, económica y políticamente, México se está cayendo a pedazos. La corrupción sigue minando la credibilidad en las instituciones. Ocho ex gobernadores -siete del PRI y uno del PAN- están acusados de corrupción, lavado de dinero y delincuencia organizada, además de sumar una deuda por 186 mil 535 millones de pesos. La violencia va en aumento y, específicamente, la violencia en contra las mujeres crece a pasos agigantados y nos degrada más como seres humanos. El gasolinazo, el aumento al gas y el salario mínimo, son ofensas a las y los mexicanos.

Hoy defender la Constitución significa luchar por los principios para transformar la política en un compromiso por la austeridad gubernamental, por la rendición de cuentas y la honestidad, por el respeto irrestricto a los derechos humanos. La justicia social no debe ser un anhelo, sino una realidad.

Deseo que este 5 de febrero las y los mexicanos defendamos nuestra Constitución, nos comprometamos a reformarla, no a destruirla, como hasta ahora lo han hecho los neoliberales que la han desdibujado. Retomar el rumbo perdido es imprescindible, porque hacerlo significa practicar la democracia y ejercerla de manera libre.

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