Ser taxista en tiempos de Uber y moto-taxis

Texto y fotos: María Guadalupe Franco Corona (@elevanhelista)

Juanacatlán, a 8 de julio de 2016. “¡Platíqueme!”, -le digo- “¿Qué te voy a platicar?” –me responde– .

Y su respuesta es como si yo pudiera elegir de entre un extenso catálogo de videocasetes. Su voz es una amable grosería. Cuando lo escuchas puedes sentirte alagado frente a un insulto y es que, si hay algo para lo que sea bueno, eso es lo de la diplomacia.

Un buen matrimonio, cuatro hijos y una vida tranquila son lo que lo motiva cada mañana a levantar la bocina del teléfono para atender un servicio.

 

¿Si, bueno?, ¿Con quién tengo el gusto?, sí, hija. Ya sé que eres la madre Vicky pero yo a todas les digo hijas. Claro que sí, voy para allá.

 

Se llama Gustavo pero en el pueblo pocos saben de quién se trata si preguntas por ese nombre. Es un jovial dicharachero que arranca sonrisas cómplices cuando insulta “bajita la mano” a una persona para que “agarre el hilo”.

Lo conocen por “El Gordo”, y no precisamente por su complexión. En realidad le falta barriga y, pese a sus hombros caídos, es muy alto. Su voz anima a una conversación plagada de palabras irreconciliables, irreconocibles, arcaicas: “chipocludas”, como dice él.

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No viste “de pipa y guante” ni los domingos. Su indumentaria está compuesta de pantalones de mezclilla, zapatos negros y playeras “guangas”.  Su esposa dice que “nada en ellas como recordando lo que le faltó estar en el agua”. Desarrapado. Disfruta de un “tiempo de calidad” con su familia y que se extiende a ratos por toda la gente de los alrededores que lo conoce y le llama para “viajes”.

Ya disfruta un poco más el tiempo con sus hijos porque fue capaz, a base de sacrificios, de formar su patrimonio. Lee mucho desde pequeño, juega ajedrez y disfruta de las historias cotidianas.

El solitario en la computadora, cocinar y fumar son tres cosas que hace con frecuencia. Estudió para convertirse en electricista y ejerció por años primero en Los Ángeles Locos de Tenacatita y luego en el Conalep Juanacatlán. Dejó sus actividades en Puerto Vallarta por un accidente que le marcó el rostro y lo despidió de los contratos y los jefes.

Había taxis fuera de su casa desde que “abrió los ojos”: su padre y sus hermanos a eso se dedicaban luego de dejar otras actividades como el negocio de la comida, el transporte de personas, las actividades en fábricas de los alrededores y la venta de pollo y abarrotes. Salió de su casa para estudiar en el Politécnico y deseaba continuar con los estudios universitarios pero lo dejó por “causas de fuerza mayor”.

Desde muy joven disfrutó la vida, “gozar del caminito”. Recuerda las actividades que más “le llenaban la vida”:

yo sabía nadar, bailar… me gustaba todo eso. Para empezar, allí para el malecón había cuatro terrazas que hacían bailes todos los fines de semana… sábados y domingos conjuntos diferentes en vivo, te dejaban cierta cantidad de entradas y ya te ponías tú a buscar a las damas para bailar y todo bien agradable. A las orillas del río había canoas, las rentaban por horas y tú subías a la dama o subías a la familia y a remar, a remar…a darle la vuelta a la isla.

Del origen del Juanacatlán, nombre el pueblo donde creció, no se le ve muy convencido. “Lugar donde abundan los Xonacates”, le digo. Para él, apenas ahora ese nombre tiene sentido porque asocia ese tubérculo con la muerte:

eran unas cosas así -levanta ambas manos simulando la forma de un intento de jícama- fofas. Yo las conocí pero nunca las probé, no se me antojaron porque ¿sabes dónde los vi crecer?: en el panteón. A espaldas del panteón había un arbolete enorme, enorme, grandísimo. Como el sálate que está allí con Guillermo el mecánico. Allí nos íbamos y nos subíamos a las ramas del árbol y nos la pasábamos trepados platicando historias y platicando pendejada y media y veías el panteón hacía abajo. No… luego supe que éste [señala el piso de su propia casa] fue el primer panteón de Juanacatlán.

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Trabajó muchos años como chofer de la unidad 516 del sitio 61 de la central nueva. Su turno comenzaba a las dos de la tarde y a las dos de la mañana estaba haciendo fila para el primer camión a su casa. Fueron tiempos difíciles porque apenas veía a su esposa.

Por aquella época le tocó vivir lo que a su juicio fue lo más traumático que le ha pasado:

Mi error fue ir a trabajar el 21 de abril de 1992, yo ya era padre por entonces. Pasé por las calles del barrio de Analco y veía las alcantarillas abiertas y algunos funcionarios rodeando la zona. A las diez de la noche de ese día ya se sabía que algo grave estaba pasando y no desalojaron. Fui contratado por el Gobierno del Estado para llevar a las personas sin hogar al refugio provisional que instalaron en el Parque Montenegro y al igual que a mí, a camioneros del mercado de abastos también les llenaban el tanque y les daban su lonche. Pero ellos cargaban cuerpos al domo que estaba cerca de donde tú estudias, ¿por la normal, me dijiste, verdad?

Si te interesa mi pensamiento yo creo que la responsabilidad compartida de estos bueyes ocasionó la tragedia y la versión oficial es una mentira bien grande porque aparte de que no son las víctimas que dicen que son, para mí que ya se filtraba el combustible a los drenajes por las malas condiciones de los tubos desde mucho antes; y qué casualidad que la línea dos del tren ligero estaba en construcción. En algún punto cerca del río entubado, el San Juan de Dios, se concentró el combustible, era tiempo de calor y cualquier chispita pudo haber detonado algo que se veía venir por el olor de semanas.

Y luego, meten un ratito a la cárcel al alcalde de entonces y al gobernador, meten la basura debajo de la cama y dentro de los clósets para que no vea el presidente de la república y se habla de asesinatos por la maquinaria pesada que meten apenas unos días después de ese miércoles de vacaciones.

PEMEX se lo ofrecen a Zapopan, a Tlajomulco, a Tlaquepaque, y como los alcaldes de aquí son unos [aquí se detiene, por lo delicado del asunto] pues lo aceptan. Como por obra del Espíritu Santo le dijeron que sí a las fábricas, a la penal (federal y estatal) y a la basurera. Tenemos la peor porquería del estado y fuera bueno si hayan aprendido con nosotros pero siguieron con Zapopan y los del otro lado de la barranca vienen para acá volando.

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Sobre la situación actual de sus compañeros de volante tiene mucho que manifestar y es que era el tema principal de la entrevista pero a él le encanta “irse por la tangente”, explicar quién es y qué hacía antes de ser y hacer lo que hace:

Para que lo entiendan, pues. Todo lo que han escrito, lo que han dicho los sindicatos, las personas que trabajan en UBER, las personas que utilizan UBER,yo te lo puedo ver desde mi punto de vista, desde el mío, el de un taxista que tiene tantos años en esto. Yo te puedo decir que sí hay dueños de taxi que abusan de sus choferes pero yo no había visto una empresa que nomás se dedica a ganar dinero, que mueve millones de dólares, no de pesos.

Hay mafias enormes dentro del mismísimo sistema UBER y mafias enormes dentro del mismísimo sistema de taxis convencionales. De los moto-taxis te puedo decir que nos regresaron al tercer mundo, o al cuarto, o al quinto. Que nos metieron goles por todos lados.

Respecto a los gajes de mi oficio yo puedo dar información acerca de mi propia familia, de más no. Cuatro de ellos enfermos, diabéticos, uno de ellos en un asalto balaceado, quedó paralítico y así murió, a otro de ellos en el momento lo mataron, a mi tío Toño. Lo balacearon por quitarle los cuatro pesos que cargaba. Yo te puedo decir que es mucho más peligroso trabajar como taxista que como policía y es más leal y más honorable un taxista que un policía.

Es como todo, mira: hay taxistas malos, hay policías malos, hay escritores corruptos, malos, ¡sí!, hay periodistas malos, y más corruptos todavía, hay licenciados malos, hay doctores malos, hay presidentes malos (por no decir peores), hay Papas malos… ¿si me entiendes?, eso es lo que yo quiero dar a reflejar y sí, te voy a decir que si hay un negocio malo, ése es el de los moto-taxis, porque no nomás arriesgas la vida de las personas que subes, porque es riesgo total. Las personas se suben sin ningún seguro de ninguna especie, no sabiendo que mono cabrón carga la máquina esa, porque no hay ningún control de ninguna especie, muy peligrosas esas cucarachas porque no tienen seguridad vial de ninguna especie.

Que a un taxista lo pueden detener sin cinturón, con camisa sin mangas, con tenis, lo pueden detener sin seguro, lo pueden detener por traer un color diferente al amarillo canario, lo pueden detener por falta de una luz o el anti-smog, lo van a detener y no nomás le van a poner una infracción, lo van a meter a la penal porque le falta todo eso. Y un moto-taxi no tiene nada de eso y no los detienen. Ese es un negocio nada más y nada más para el dueño de esa cucaracha y así le pones CUCARACHA porque es muy difícil, muy raro, muy a la otra orilla de la calle que el dueño de la moto-taxi lo esté manejando. Todavía hay taxis que los manejan sus propios dueños, UBER también.

¿Y qué es lo que sucede? Que les cobran cantidades estratosféricas. Yo leí un artículo donde el chofer al subir a un taxi, cada día ya debía 600 pesos. Yo estuve en ese punto, pero fui más listo porque si siguiera en la central probablemente no estuviéramos platicando ¿y por qué no preguntan qué inversión traen en ese vehículo?, ¿y por qué no preguntan todos los gastos de tener un carro amarillo?, impuestos federales, estatales y municipales, el vehículo se deshecha a los diez años o antes si ya no sirve, hay que pagar verificaciones y revistas mecánicas. Ni UBER paga eso, mucho menos los moto-taxis. ¡Y el permiso y sus trámites de renovación! Y aunque el gobierno del estado los “regala” y así le pones, entre comillas, se los da a los sindicatos para que los reparta si bien nos va, si no, por favores a líderes políticos, a funcionarios o a gente de vialidad por andar con políticos en campaña paseándose en motocicleta y repartiendo volantes y no acabo todavía”.

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Llegados a este punto de la conversación ya los ánimos están “inflados” como dice Gustavo y cuenta que ese funcionario con un permiso del gobierno del estado no se compra un taxi, no contrata a nadie, “¿qué crees que hace?”, me pregunta con el sentimiento de alguien que ha descubierto algo y lo quiere compartir siempre que su interlocutor se esfuerce por adivinar: ¡lo renta! Y pide dos años por adelantado. Cuando se termina ese contrato, dice nuestro vivaracho comentador, se lo ofrece en venta al chofer a quien se lo estaba rentando y, ¿qué es lo que pasa?, se pregunta:

¡Pues es lógico que el chofer no tenga el dinero para pagarlo!, por ahí de medio melón… un chofer de taxi que apenas saca para su liquidación ¡pues no!, ¿verdad?, entonces llega uno tipo con dos melones y compra ese permiso. Los choferes que han arriesgado su vida, no reciben nada. Y ahora -dice un poco incómodo- hay quienes se mueven sin ningún permiso. Y hay quienes caen en la trampa aquélla de comprar un coche nuevo con créditos de agiotistas y luego trabajan toda su vida para pagar la liquidación y los intereses de esa deuda ¿y se espera que vivan de aquello?

Finalmente los que pagan el pato son los usuarios, también quiero hablar por ellos. Se suben en un vehículo donde su chofer, frente a todas esas presiones se esfuerza por mostrarle la mejor cara y una buena actitud pero en vez de cobrarle cinco pesos le cobra veinte en su NISSAN (TSURU, SENTRA..) porque nunca más lo va a volver a ver, porque lo recogió en una calle, lo llevó a otra y ya, se acabó la relación cliente-prestador de servicio de transporte.

Entonces una plataforma digital que te promete que vas a tener a tu alcance hasta el tipo de sangre de la persona que maneja un vehículo de lujo, en el que puedes elegir el tipo de música que quieres escuchar y el olor del aire acondicionado…, es una maravilla para quienes pueden pagarlo, para los que no, están las moto-taxi y otra vez, sin palabras porque esos vehículos son de países muy pobres y atascados de gente y porque en este país, a las leyes se las pasan por el arco del triunfo, la decisión, el permiso de entrada para esas cucarachas en nuestro estado fue del alcalde en turno, que no digo no porque no quiera decir sino porque no es necesario.

Donde hay dinero, hay corrupción, donde hay corrupción hay mafias y donde hay mafias, hay destrozos. Eso grábatelo bien en la cabeza para que no te metas en arengues innecesarios.

No te sé yo decir de otros negocios pero en el servicio de transporte las mafias no son de los permisionarios, mucho menos de los choferes, son de los políticos. Médicos, abogados… son taxistas en México, cuando en otros países, esos empleos se los dan a la gente que aquí pide dinero en las calles y no paga impuestos, son migrantes, generalmente. Pero no por ser profesionistas son mejores taxistas, no, eso no. Se trata de la persona y eso nadie lo toca en cuenta. ¿Cómo voy a creer que ya con una carrera de cuatro, cinco años, una persona vea un espacio en el transporte público y no tenga otras alternativas? Conozco a futbolistas y macuarros (peón de albañil o albañil malo) que han sabido moverse como choferes.

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Finalmente, pensando que se trata de su antiguo sitio y que tanto cariño le toma a las cosas por las que ha luchado, me animo a preguntarle su opinión sobre la situación en la central nueva y a “grandes rasgos” me explica que el conflicto es el resultado de un montón de malas decisiones del gobierno del estado.

En principio, a los alrededores de la central camionera no había ni un alma y mandaron a taxis del sitio 19 de la central vieja: cerca de quinientos coches con sus permisos respectivos  al sindicato y una rayita roja para cada uno que indica que sólo pueden sacar pasaje de la central nueva.

Posteriormente se agregan algunas rutas de camión urbano y quinientos taxis más. Se les subieron los humos a esos taxistas, les iba más o menos a todo dar. Luego se instalaron paradas alternativas a los alrededores, entonces poco era el recurso que llegaba a sus manos y toreaban a los de vialidad para agarrar pasajes fuera de la central. No eran personas del todo confiables pero cuando se trata de llevar pan a sus familias pocas personas suelen serlo.

Entonces aparecieron más… más taxis, más rutas de camión, y ya no son cinco módulos los que funcionan del todo. El uno, el uno y  medio que está nuevecito y el dos, son los que funcionan, a los demás una o dos líneas o ninguna, de plano… luego se estacionan los UBER y ahora están tan escamados los ruleteros que a mí me ven allá y si no hay quien me conozca, en mi particular y con mi esposa me agarran a chingadazos.

Es que pobres, si en doce horas llevan tres servicios, son felices ¿a esos 600 pesos se referiría el artículo que leí? pero no porque el trabajo ya no es igual que antes.

Hace algunos muchos años, me tocaba llevar leguas (que así les llamaban a los viajes a León, Aguascalientes o más lejos…) y me hacía amigos a los de los diablitos y ellos encontraban buenos servicios porque me los venían trabajando desde que suben las maletas: “que si el mejor de los chafiretes de toda la central, viera que platicador, no se va a aburrir, y tiene los mejores precios…” Así se ganaban conmigo una buena comisión y yo hacía un buen negocio porque los diableros volvían mantequilla a mis clientes y yo era un cuchillo caliente. ¿Sabes cuál va a ser su tiro de gracia, su jaque mate? La línea tres del tren ligero. Ya te digo, son las malas decisiones del gobierno.

Me despedía muy agradecida cuando suelta: ¿Quieres una? – no, gracias, le contesto. ¿Cómo qué no?, te la recomiendo, dicen que con estas se lavan baños, se destapan cañerías y se desengrasan los motores. Lo dicen con el tonito de slogan de la real academia de la lengua -limpia, fija y da esplendor- y la  voz de comentarista de fútbol, que a mí me da tanta ternura que le acepto la invitación.

 

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