Carta a nosotros

Por: Oscar Augusto (@Oscar_jmora)*

Foto: Arturo Campos Cedillo / Agencia RACC

27 de abril 2016.

Hola, te saludo con gusto.

No nos conocemos y quizá nunca lo hagamos, sin embargo esto no es motivo para no escribirte el día de hoy.

Te preguntarás cuál es la razón de todo esto, la respuesta es sencilla: hablar de nosotros.

Primero que nada, te cuento que el domingo pasado miles de mujeres en más de 40 ciudades, salieron a las calles a manifestarse en contra de las violencias machistas, el acoso callejero, las violaciones, los feminicidios y todas aquellas conductas que las dañan.

¿Te enteraste de esta marcha?

En redes sociales se compartieron tantas  historias bajo el hashtag #MiPrimerAcoso, donde mujeres compartían cómo y cuándo fue su primer acoso; sí, el primero lamentablemente no fue el último.

Te preguntarás ¿qué tiene que ver esto con nosotros?

La cuestión es que estas violencias machistas, las hemos generado y propiciado tú y yo.
Tranquilo, no te estoy echando la culpa de todo esto, pero sí nos estoy haciendo responsables.

Antes de seguir con este tema, me gustaría preguntarte lo siguiente: ¿Has sentido miedo al caminar en la noche solo, porque te pueden violar? ¿Te han tocado tu cuerpo sin que estés de acuerdo? ¿Alguien te ha gritado, chiflado o se ha tocado sus genitales enfrente de ti? ¿Se han burlado de ti sólo por ser hombre? ¿Has sentido que mientras caminas, te miran lascivamente?

Quizá ya sepas hacia dónde me dirijo con estos cuestionamientos y quieras abandonar la lectura, pero no quiero quedarme en la reflexión de siempre, vamos más allá.

Volviendo al tema de la responsabilidad, necesitamos ser autocríticos, dejar de lado el “Yo nunca he acosado” “Yo respeto a las mujeres” “Yo no soy machista” “Yo…” “Yo…” “Yo…”. Basta de esa lógica protagonista y de  querer pretender que somos unos santos —que hasta ellos eran machistas—.

Seamos sinceros, ¿de verdad nuestro comportamiento no ha sido machista?

No respondas enseguida, piénsalo, reflexiona y logra ubicarte en la cotidianidad, en las relaciones personales y en la rutina, seguramente ahí encontraremos ese comportamiento machista que no queremos ver o que creíamos superado.

Sí los hay ¿verdad?

No te juzgo, no tengo porque hacerlo, yo también tengo esos comportamientos y actitudes, por eso me atrevo a escribir esto, pero no como un hombre que busque ser ejemplo a seguir —ya dijimos que había que dejar de lado el protagonismo—, lo hago para poder entendernos.

Como hombres también somos víctimas del machismo, por eso te decía, no se trata de echarnos la culpa sólo por ser hombres —si a esas vamos, la culpa la tendría el sistema históricamente machista en el que vivimos—, pero sí es cuestión de hacernos responsables de lo que hacemos y dejamos de hacer ante estas violencias.

Tenemos el privilegio de que nunca sabremos que se siente que una persona nos diga que quiere tocarnos o simplemente lo haga porque se le antoja, no sentiremos ese miedo de que nos pase algo cuando caminamos en la noche, nunca nos dirán que fue nuestra culpa por cómo íbamos vestidos, probablemente no conozcamos nunca esos dolores, esos temores y esa violencia

Fotos compartidas en Twitter bajo el hastag #MiPrimerAcoso.

Debemos reconocer que somos privilegiados por nuestra condición de hombres, no viviremos esas experiencias pero ¿por qué las mujeres sí las tiene que vivir? ¿Tener pene es un elemento tan valioso, al grado de que no nos violenten?

Ya sé, ya sé, los hombres también sufrimos violencia, también nos golpean, etc… A ver, no nos desviemos del tema, esa violencia no es por cuestiones de género. En el caso de la violencia machista, existe una falsa creencia de superioridad del hombre frente a la mujer y se representa en todo lo anterior que venimos señalando; en pocas palabras, no hay punto de comparación porque la violencia que ellas viven, nosotros jamás la padeceremos.

Es difícil entender todo esto, incluso duele, duele saber que hemos sido causantes de tanto daño, quizá de manera inconsciente, pero lo hemos hecho, si bien no directamente, hemos callado y sido cómplices ante la violencia machista. No hemos sido capaces de enfrentar a ese hombre que le chifla a las mujeres, que las mira lascivamente o  que hace chistes machistas sobre la disque superioridad del género masculino sobre el femenino… No hemos sido capaces de hacernos frente a nosotros mismos ante estas conductas.

En un país donde siete mujeres son asesinadas cada 24 horas, una de cada dos han sido agredidas por su pareja, 65 por ciento de las mujeres mayores de 15 años han sufrido algún tipo de violencia, urge hacernos responsables y actuar en consecuencia. Estas cifras nos confirman que el tema de la violencia de género no es exageración —como muchos podrán pensar tras las reacciones que generaron el video de Gerardo Ortiz o las declaraciones de Julión Álvarez—, los feminicidios, la cosificación de la mujer y las violencias machistas son una realidad urgente de atender.

No estoy hablando de que vayamos a marchar, ni que nos declaremos hombres feministas —aunque estaría chido que lo hiciéramos—, como decía, vamos más allá, ahí en lo íntimo, donde somos nosotros y nos relacionamos con las otras y los otros, el cambio se forja desde ahí.

Tampoco es simplemente que pongamos en práctica la idea de no violentar a la mujer porque podría ser nuestra hermana, novia, madre, hija. Es respetar a la otra y al otro por el hecho de ser personas. Los privilegios ya mencionados que nos brinda nuestro status de hombres, deben ser usados para deconstruir el machismo y sustituirlo con un modelo que reconozca las masculinidades y la posibilidad de vivirlas y disfrutarlas sin que ello implique querer someter y sobajar a las mujeres.

Es momento de escuchar todo lo que tienen que decir las mujeres, esas voces que violentamente han sido calladas; tener abierta la mente y el corazón para tratar de entender aquellos comportamientos que las violentan y adentrarnos al tema sin miedo a raíz de los cuestionamientos que ya hemos señalado y seguramente has hecho.

Gracias por tomarte el tiempo de leer esta carta. Como ves, no se trata solamente de un tema de mujeres, también es de nosotros, pero en esta ocasión nuestro papel es de escucha, aprendizaje y acompañamiento, es a un lado, nunca adelante, codo a codo como diría Benedetti, pero sin tomar la palabra para cuestionar su lucha.

Espero que estas líneas no se queden en un montón de letras de un escrito que leíste porque no había nada mejor que hacer; que la palabra se transforme en acción y que luego puedas compartir a otros tus reflexiones y acciones, ahí es donde está nuestra lucha, no es nada sencilla, es ir contracorriente y desaprender después de tantos años de actitudes machistas. Sin embargo no estarás solo, cada día somos más.

Un abrazo.

Oscar Augusto.

*Ciencia Política y Derecho en ITESO. Defensor de derechos humanos e integrante del colectivo Más de 131 ITESO.

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