Acapulco tapatío

Acapulco Tapatío

Por Debra Figueroa (@debrafig)
Fotografía: Eva de la Rosa

3 de abril de 2015.- Un día, Plaza Liberación amanece convertida en Tobolandia. Gente semidesnuda y contenta deslizándose sobre una resbaladilla descomunal parece anunciar el fin del invierno tapatío. La escena es tan rara que dudamos: los meteorólogos dijeron que tendríamos dos meses más de lluvias y bajas temperaturas, pero ¿qué son estos bochornos cuando se supone que hace frío?

Ante el desconcierto que produce tanta extravagancia, la naturaleza se esfuerza por ser clara: lanza señales en el cielo (¡cumulus humilis, cirros!), alergias y bichos que danzan en nuestras narices para demostrarnos que llegó la primavera. Un sol inmoderado abraza abrasa cariñosamente al transeúnte, lo exprime. El calor está aquí.

Convencidos, por fin, de que los 30 y tantos grados son reales, nos derretimos con resignación. Ya incorporados, reflexionamos sobre nuestro guardarropa y las malas decisiones que tomamos. Nos preguntamos si deberíamos hacer caso a lo que sentimos o a lo que dicen los expertos.

Aguzamos la vista en busca de un vendedor de tejuino, bolis, agua, cocos, lechuguillas… Cualquier líquido hace bien al deshidratado. Avanzamos tan rápido como la multitud nos lo permite, dando un trago cada tres pasos. En estos casos vale la pena tomar el camión en la terminal; así aseguramos nuestro asiento y podemos hacer cálculos físicos respecto al comportamiento de la luz del sol en la unidad. La experiencia nos dice que la sombra es huidiza.

Otra cosa buena de alcanzar asiento es que los sobacos permanecen ocultos. Nos obstante, la ropa adherida al cuerpo por la humedad evidencia nuestras siluetas muy detalladamente; hay que despegarla pronto, y hay que despegar también las piernas del asiento si se nos ocurre usar prendas cortas.

Los días pasan y uno amanece cada vez más preparado y dispuesto a tolerar el calor primaveral. Con esta nueva visión de la vida, reconocemos que la época no existe sólo para hacernos sufrir; también nos brinda imágenes alegres, dulces y ya tradicionales, como las fuentes de agua invadidas por criaturas en calzones: Niños Meones reales. Es muy bonito el Acapulco tapatío.

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