Acoso callejero, no por común es normal | CRÓNICA

Por: Irene Bonilla Elvira (@IreneBonillaE)*

Fotos: Carmen Díaz

Escena 1

Una mirada atraviesa mi ropa. La acompaña una voz que emite un nítido “¿por qué tan solita?”.
 
Es lo primero que escucho y siento al salir de mi casa temprano por la mañana. Decido no levantar la mirada y hacer como que no pasa nada.  Dicen que los “piropos” son “cumplidos” cuando alguien te encuentra atractiva.
 
Escena 2

Con prisas llego al puesto de jugos en busca de mi tradicional bebida hecha de zanahoria con naranja. Le pago a Doña Laura los catorce pesos, y mientras espero mi cambio me doy cuenta que un señor sentado en un banquito me mira de arriba abajo. Busco que sus ojos se encuentren con los míos para que note mi desaprobación a ser observada como si estuviera en el aparador de alguna tienda.  
 
Él me mira de esa manera porque soy mujer, soy joven y no voy acompañada de un hombre. Sí, soy mujer. Soy joven. Y ningún hombre me acompaña.
 
Escena 3

Una avenida cualquiera. Varios espectaculares. Uno llama mi atención: en él se muestran los enormes senos de una mujer en un trajecito blanco de porrista. Intento averiguar qué es lo que anuncia esa imagen. Me doy cuenta, después de varios segundos, que hay unas letras pequeñitas con las siglas “NFL” y el anuncio de las fechas de la temporada de futbol americano. 

De reojo veo que no soy la única persona que se sintió forzada a mirar lo senos de la porrista. Me pregunto si la chica del anuncio será jugadora estrella esta temporada ¿A quién quiero engañar? Es obvio que ella es usada como objeto para llamar nuestra atención.
 
foto2

Escena 4

Estoy en el trabajo: es hora de comer. Salimos mi compañera y yo al mercadito cercano. Son las dos de la tarde y el sol es abrumador. Aún así decidimos caminar por la banqueta soleada para evitar pasar frente a un grupo de hombres sentados en el lado de la sombrilla. 

Con todo y con que nos alejamos del masculino grupo alcanzamos a escuchar un par de chiflidos. Sin ponernos de acuerdo mi compañera y yo volteamos y les hacemos saber que nos molestan sus sonidos. Ellos se ríen y alguno contesta con agresividad. Mejor decidimos caminar más rápido porque no queremos arriesgarnos a que alguno decida acercarse a nosotras y agredirnos “más de cerquita”. 
 
Ellos sienten el derecho de agredirnos porque somos mujeres. Y en realidad no es que importe si entramos o no en los estándares de belleza. Lo indignante aquí es que ellos son hombres con “derecho” a ofendernos por ser mujeres.
 
Escena 5

La tarde se asoma deliciosa. El calor de estas tierras que parece que nunca se termina, ha cedido y hay fresco. He quedado con un amigo para ir a tomar algo. Mientras pedaleo por las calles de mi barrio, voy sintiéndome incómoda en el vestido de florecitas que tanto me gusta.

En la esquina de la primera avenida que atravieso un hombre parado en la banqueta me dice “¡Taxi! Quiero subirme”,  ingenuamente volteo para ambos lados: no veo ningún taxi cercano. Lanzo una mirada de desaprobación. 
 
El que me griten, toquen el claxon o digan cosas en la calle es algo común para mí y para muchas mujeres. Pero no por común es normal y no tengo que acostumbrarme. Hay quienes dicen que “no es para tanto, así son los hombres”, “son solo piropos”.  ¡Claro! Los hombres son así por una construcción cultural: no es parte de su naturaleza, y como tal deben poder transformarse.

Al llegar a la placita donde hemos quedado de vernos mi amigo y yo, me dirijo a amarrar mi bici. Paso frente a un hombre leyendo en una banquita cuando escucho que me lanza un beso tronado. Al mirarlo veo que se aprieta los genitales. Me detengo en seco, creo que se me pone la cara roja de coraje, y le pregunto: “¿Ya te sientes más hombre?”

Por supuesto que él se queda con cara de idiota. Después de unos segundos me responde “Ni que estuvieras tan buena.”

foto1

Colofón

La violencia contra las mujeres crece. En lo que va del año, solamente en Jalisco, han sido asesinadas 108 mujeres, ¿Cuántas de ellas estarían hoy con vida si los “piropos”, chiflidos e “ingeniosas palabras” no fueran cosa “normal”?

La indignación que corre por mis venas no es por que me crea muy guapa. ¡Y no! Con mi manera de vestir no me busco que me agredan, tengo derecho a ponerme la ropa que a mí me gusta y con la que me siento cómoda. Y créanme, no me interesa la opinión de nadie sobre mi cuerpo.
 
Cuantas veces sea necesario señalaré los rincones de nuestra cultura donde se anida el machismo. Sé que si no me rebelo terminaré sometida, repitiendo los ecos del “ella se lo busco”, “ella lo provocó”.

*Este texto fue realizado como parte del Taller de Crónica que Proyecto Diez ofreció en septiembre y octubre del 2014.

Comentarios
Top