Anulistas, ¡ya salgan del clóset!

Por: Max Andrade* (@MaxAndrade_)

25 de mayo de 2015. Solo en Ensayo sobre la lucidez, la fascinante novela de José Saramago, anular el voto transformó un país imaginario. En México, anular el voto es terminar sirviendo de manera involuntaria para facilitar el triunfo a los candidatos hegemónicos y fraudulentos de los que tanto se quejan.

Eso le comentaba a un amigo mientras conversábamos sobre el voto nulo, y me replicó: «para mí los que anulan el voto, son priistas enmascarados, mejor será decirles que ya salgan del closet, que acepten su priismo, y no anden disfrazándose de anulistas«. Me doblé de la risa con su ocurrencia, obviamente mi amigo estaba bromeando. O quizá no tanto.

Hace un par de meses en Guadalajara, apareció un grupo ligado al PRI convocando al voto nulo; un colectivo que se hace llamar «Todos son iguales» y cuyo principal vocero es Mateo Bonilla Coronado, empleado en la contraloría del Gobierno de Jalisco. Se dicen hartos de los políticos y arremeten contra todos los gobernantes y candidatos, exceptuando a Ricardo Villanueva, aspirante a edil tapatío, que no es tocado ni con un delicado pétalo de rosa. Mucho menos el señor gobernador. Por lo tanto, su club anulista debería llamarse «Casi todos son iguales«.

En otra trinchera, mexicanos muy respetables hacen un llamado al boicot electoral, a no asistir a las urnas, que en esa cuestión, más que anulismo, se trataría de una invitación al abstencionismo.

Entre esos ciudadanos están los padres de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos de #Ayotzinapa y el sacerdote Alejando Solalinde, defensor de derechos humanos. Hay también personajes polémicos, como Javier Sicilia —el antielecciones por antonomasia— y los señores de la Coparmex, que la traen contra los llamados chapulines.

Muchos de los que tampoco nos sentimos representados y con justa razón rechazamos a la mayoría de la clase política, y aun así saldremos a votar, pensamos que hay una mejor salida al desencanto: hacer valer el voto de castigo contra los que sexenio tras sexenio denigran la política, votando por la verdadera oposición.

El fastidio abrió también la puerta de las candidaturas independientes que, en el caso de Zapopan, Jalisco, ha sido muy afortunado: la candidatura de Pedro Kumamoto a diputado local por el distrito 10 demostró que si se convoca para hacer política participativa, recíproca, sin templetes y acarreos, la gente se involucra con interés.

Al final del día —como dicen los locutores del mercantilismo— las personas tomarán su decisión, ojalá sea la resolución mejor informada y con sentido común. Algo más, creo que se vale decir lo que se piensa y también revelar las simpatías y las aversiones, pero no imponer nuestro punto de vista.

Pensando esto, y ya que comencé este artículo evocando a José Saramago, me despido con una de sus frases, esperando en la medida de lo posible seguir su consejo:

He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro.

* Max Andrade es promotor de lectura en Para Leer en Libertad, A. C.

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