Caballos y bicicletas: de la vieja Guadalajara a la Vía RecreActiva

Por Debra Figueroa (@debrafig)

16 de febrero 2015.- Deben ser las 12:30 de la tarde, y una orquesta de cláxones a cargo de conductores encolerizados anuncia el paso de una caballada que baja por avenida La Paz. Los rancheros y sus corceles se apropian del camino, desconciertan y descontextualizan a ciclistas y peatones que pululan en ese tramo de la Vía RecreActiva, por avenida Chapultepec: los vuelven espectadores. Éstos interrumpen la marcha y fijan la mirada en el desfile; algunos toman asiento en la fuente del andador para fotografiar la procesión.

Pronto el crucero se llena de bolitas de paja y forraje digeridas y apestosas de los finos animales; detrás vienen unas barredoras recogiendo el excremento, que más bien se embarra en el adoquín. Motociclistas de la Secretaría de Movilidad patrullan a los ganaderos: cascos y sombreros se funden en la manada.

Guadalajara cumplió 473 años el 14 de febrero, y ayer, domingo, de Las Nueve Esquinas al Parque de las Estrellas, 300 jinetes la celebraron. La cabalgata Camino Real de Colima recuerda la ruta que, en la Nueva Galicia, los arrieros seguían para transportar sus mercancías. Todavía a principios del siglo XX, en torno al templo de Mexicaltzingo y hasta Las Nueve Esquinas, estaba repleto de mesones que recibían a los comerciantes y sus productos; hoy estos sitios son restaurantes y otros tugurios que exhiben lo más luminoso –birrierías, puestos de pitayas (de abril a junio), neverías, marimberos, cantinas…– y ocultan lo más oscuro –centros nocturnos, bares de mala muerte…– de la ciudad.

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