Ciudad futura: el premio mayor

El Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México no solo se proyecta como una de las terminales aéreas más grandes del continente, sino también como una aerotrópolis, un desarrollo urbano de punta que se pretende construir una nueva ciudad en el oriente. Esta es la crónica.

Texto:  Arturo Contreras y Lydiette Carrión
Fotos:  Arturo Contreras y Lucía Vergara
Videos:Lucía Vergara

 

25 de octubre de 2018.- Es domingo, y la Ciudad Jardín Bicentenario rebosa de actividad. En las canchas de fútbol decenas de equipos revolotean detrás de los balones, por sus calles ciclistas pasan como saetas intentando mejorar sus tiempos y karatecas y taekwondoines se pasean con sus trajes de pelea puestos. Cada 5 minutos pasa un avión por encima de todos ellos; nadie les presta atención, mientras el domingo sigue su curso.

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Los deportistas dominicales tampoco parecen darle mucha importancia a quién construyó el deportivo, que ahora es manejado por el municipio de Ciudad Neza. Sin embargo, hay quienes sí recuerdan que estos terrenos, a unos pocos kilómetros de la reserva ecológica del lago de Texcoco, fueron adquiridos a inicios de la década del 2000 por Carlos Slim

En ese entonces, Slim, a través de Promotora Sanborn’s y la Constructora IDEAL desarrollaron este complejo y un área de plazas comerciales. La idea era transformar estos terrenos, que solían ser un vertedero de basura a orillas del Bordo de Xochiaca, en un desarrollo urbano parecido a Santa Fe, en el poniente de la ciudad.

En ese entonces, la gente no pensaba demasiado en un nuevo aeropuerto, ni tampoco lo vinculaba con el enorme desarrollo urbano que este podría significar. Mucho menos que el grupo Atlacomulco, al que pertenece el presidente Enrique Peña Nieto, apostara a estos terrenos como fuente de un negocio que podría durar décadas.

El negocio de construir una ciudad

Desde el aeropuerto de Zhengzhou, en China, hasta el de Minneapolis en Estados Unidos, pareciera que la moda del desarrollo urbano se centra en construir ciudades alrededor de aeropuertos nuevos. La idea es sencilla: erigir modernísimos centros financieros, comerciales, de servicios y de desarrollo para aprovechar la cercanía con el aeropuerto y detonar el crecimiento económico de la zona.

Ese tipo de proyectos son los que defiende el director de comercio aéreo de la Universidad de Carolina, John D. Kasarda. El académico, en una entrevista de la revista Forbes, asegura que “los nuevos aeropuertos deben estar rodeados por zonas residenciales, universidades, hospitales y ecosistemas industriales vinculados estrechamente al comercio internacional y a la innovación tecnológica, como manufacturas de alto valor, biomedicina y software.”

En otras palabras, las aerotrópolis son zonas de desarrollo económico potenciadas por el comercio internacional. En el caso del aeropuerto de Texcoco, la aerotrópolis es parte del proyecto, pues incluso están prevista en su Manifestación de Impacto Ambiental del proyecto.

Esta dice que se promoverá el desarrollo de una ciudad aeroportuaria en la zona precedida por la terminal de pasajeros y que tendrá instalaciones comerciales, hoteles, centros de convenciones, edificios de oficinas y desarrollos comerciales.

De acuerdo con distintos analistas, la aerotrópolis es el verdadero negocio detrás de la nueva terminal aérea: un proyecto que vale 20 veces más el costo del nuevo aeropuerto y “cuyas inversiones y desarrollos significan negocios multimillonarios y continuos para los próximos 50 o 100 años”, escribió el columnista Salvador García Soto.

El coordinador de Morena el Congreso de la Ciudad de México y próximo subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, en su libro Política, negocios y poder. El Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, asegura que la estrategia del desarrollo de aeropuerto fue una estrategia que abarcó varios años y distintos gobiernos priistas en el Estado de México.

La idea era controlar lo que se proyecta como uno de los corredores mercantiles más importantes del país, que conectaría el Nuevo Aeropuerto, a través de la carretera México – Tuxpan, con el Nuevo Puerto de Veracruz.

Durante este sexenio se invirtieron más de 8 mil 939 millones de pesos, para terminar los últimos 37 kilómetros de dicha autopista, y otros 50 mil millones para modernizar los puertos de altura del estado de Veracruz, el de la capital, Tuxpan y Coatzacoalcos, que quintuplicaron su capacidad durante los últimos seis años.

Apropiarse de la tierra

“Es el grupo Atlacomulco”, dice de botepronto Sócrates Galicia, investigador de la Universidad de Chapingo que durante años ha denunciado que todos los terrenos alrededor de lo que se pretende sea el Nuevo Aeropuerto pertenecen a una cúpula de políticos y empresarios cercanos al Edomex. Lo que está confirmado es que desde 2008 el gobierno federal, a través de la Comisión Nacional del Agua inició un proceso de adquisición sigiloso de terrenos.

Para entenderlo, es necesario remontarse a 2014, al caso de Los Tlateles, en el norte del municipio de Chimalhuacán, a menos de 10 kilómetros del nuevo aeropuerto.

En ese entonces, cuando Eruviel Ávila gobernaba el Estado de México, se publicó en la gaceta oficial el decreto 297, a través del cual se “desincorporaba” la propiedad del inmueble identificado como El Moño o Los Tlateles. No obstante, la propiedad de esos terrenos nunca fueron del Estado, sino que pertenecían a particulares.

En ese documento, se da cuenta cómo se liberaron 740 hectáreas de terreno que pasarían a ser parte de la zona de mitigación del ex vaso del Lago de Texcoco.

Un año después, en 2015, Eruviel Ávila emitiría otro decreto, el número 51, en el que autorizó al gobierno de CHimalhuacán a crear una empresa paramunicipal conformada por el gobierno y la iniciativa privada con el fin de prevenir controlar, manejar y restaurar todo lo relacionado a la contaminación ambiental del municipio, así como crear la infraestructura necesaria para la generación de “empleos permanentes y dignos”.

En 2016, el Instituto Nacional de Administración de Bienes Nacionales, donó 200 hectáreas de ese terreno al municipio de Chilmahuacán, con el fin de crear un centro sustentable, una ciudad deportiva, un centro tecnológico y un parque industrial.

Jonatan Remedios Noriega es un habitante de esa zona de Chimalhuacán. Él asegura que Antorcha Campesina le compró a sus abuelos, por medio de amenazas y hostigamiento, sus terrenos ejidales para después regalárselos a unas empresas de la propia organización, en donde se anunció la construcción de naves industriales para el nuevo desarrollo del aeropuerto. Como el de ellos, asegura que hay muchos otros casos.

Para los ejidatarios de San Salvador Atenco, otro de los municipios cercanos a los terrenos del nuevo aeropuerto, la contraposición es clara, como lo expresan en todas sus marchas en contra del NAICM con grito que lanzan al unísono: “¡Ni hoteles! ¡Ni aviones! ¡La tierra da frijoles!”.

Para ellos, el tema del aeropuerto no es nuevo, y lleva tanto rondando la zona como el deportivo de Slim, ahora solo esperan que una consulta les permita tener certeza sobre sus territorios.

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“Este trabajo forma parte del proyecto Pie de Página, realizado por la Red de Periodistas de a Pie. Conoce más del proyecto aquí: http://www.piedepagina.mx”.

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