Domingos de Vía RecreActiva

Por Debra Figueroa (@debrafig)
Fotografía: Salvador R

A algunos no les gusta la Vía RecreActiva. Dicen que beneficia a muy pocos y llaman a esos pocos a irse a los parques a dar vueltas; piensan que la bicicleta es un juguete.

En efecto, la bicicleta es un juguete: el más bello, útil y divertido.

La Vía es el suplemento alimenticio que la ciudad se toma una vez a la semana. Desde temprano, el ritmo de sus calles cambia, fluye lento y saludable. El tiempo libre se pasea sobre ruedas y pies despreocupados.

Con convicción, salimos a encarar el viento y escurrirnos entre arquitecturas disonantes. A pie, en bici, en silla de ruedas, patineta o patines, andamos por avenidas que la mayoría de nosotros jamás transitaría. Vamos hasta ahí por puro gusto, y parece la manera ideal de conocer más allá de nuestros rumbos.

Es bonito bajarse de la banqueta, pasear a media calle. Ante tanta prisa y atropellos cotidianos, el gesto maravilloso e insuficiente que ha significado reservar una partecita del séptimo día al transeúnte se vuelve objeto de añoranza de lunes a sábado. Durante seis horas, con nuestros frágiles cuerpos expuestos, sorteamos baches y atendemos los colores del semáforo.

Andar en estas condiciones es como estar de vacaciones: sobre la Vía y en las banquetas y parques que la delimitan, la felicidad sintoniza a los paseantes.

En el caso del ciclista, la sensación de complacencia se debe no sólo al hecho de ejercitarse; es motivo de gusto hacer funcionar con ineludible elegancia un artefacto fascinante: nos incorporamos al paisaje como equilibristas y contempladores.

Sobre avenida Chapultepec, con bachata de fondo, varias mujeres y uno que otro varón reproducen con precisión marcial la sensualidad de su instructor de baile. Decidir participar del ejercicio exige perder la vergüenza y animarse a ser visto.

Los domingos de ocho a dos también son para los perros, criaturas que no asimilan sensatamente la alegría que les provoca salir a la calle; la expresan de maneras bruscas y peligrosas: se atraviesan imprudentemente, nos persiguen, se abalanzan sobre nosotros… Y les tenemos paciencia porque compartimos la euforia y sabemos que no tienen malas intenciones.

Damos vuelta. Pequeñas caravanas de bicis chopper con pilotos casi en cuclillas musicalizan avenida Juárez. Al llegar al Parque Rojo, se alcanzan a ver enfermeros realizando exámenes vasculares junto a un grupo de jóvenes Krishna que cantan y ofrecen libros a quienes deciden ir por la banqueta. Un ajedrez gigante, ula ulas al aire, cirqueros sobre cuerdas flojas… ¡Todo es sencillo y gratuito!

Queda claro que la Vía RecreActiva no es un capricho dominguero; es una necesidad vital de la ciudad y los que la habitamos.

Si una calle sin autos, libre para que usted la aproveche a sus anchas, lo pone de malas, probablemente nunca se ha subido a una bicicleta o hace mucho que no lo hace.

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