El dialogo y la paz

 

Chriz Campos

En el marco del Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, tres cuartas partes de los conflictos en el mundo tienen una dimensión cultural de acuerdo con datos de la UNESCO. Superar la división entre las culturas es urgente y necesario para lograr la paz, la estabilidad y el desarrollo. La cultura, en su rica diversidad, posee un valor intrínseco tanto para el desarrollo como para la cohesión social y la paz. La diversidad cultural es una fuerza motriz del desarrollo, no sólo en lo que respecta al crecimiento económico, sino como medio de tener una vida intelectual, afectiva, moral y espiritual más enriquecedora.

 

Desde el mismo origen y sentido de la palabra, el acto de comunicarse presupone la existencia de la otredad como factor clave para construir relaciones, ésta posibilita establecer interacción entre las personas, lo cual se considera como el fin primario de todo proceso de comunicación.

 

Reconocer el valor de la palabra permite inferir su papel protagonista en la realización de acuerdos, planteamiento de pactos y firma de tratados, entre otros aspectos, que han marcado la historia de la humanidad.
Así, el uso del lenguaje determina dinámicas profundas en la sociedad. El lenguaje lo es todo para la vida, ya que configura nuestra manera de pensar y de ver el mundo. José Antonio Marina, por su parte, considera que el lenguaje no es una obra más del ser humano sino que nuestra mente ha llegado a ser estructuralmente lingüística. La palabra penetra hasta el fondo de nuestra inteligencia.

 

En este sentido, el papel de los medios de comunicación masiva como difusores constantes de información y demarcadores de la agenda pública, representan la adopción y adquisición del lenguaje desde diversas perspectivas y con diferentes cargas simbólicas.
El uso del lenguaje como detonador de diferencias en el contexto de “La guerra contra el narco”, ha manejado un abanico de dualidades viciosas que han entrado a formar parte del lenguaje cotidiano; amigos- enemigos, nosotros-los otros, de este partido-del otro, etc. Esto teniendo en cuenta el alcance de los medios de comunicación en la actualidad, y el provecho que sacan del uso estratégico del lenguaje, el cual es una poderosa arma que sólo está al servicio de unos pocos, de una élite con la capacidad de deslindar la apariencia de lo más profundo del detalle de la palabra humana para conseguir beneficios económicos, políticos, etc.
En este sentido, los retos sobre la construcción de un lenguaje para la paz son inminentes y necesarios para la reparación de un tejido social en el marco de la “guerra contra el narco”.

 

Si bien es cierto que la búsqueda de la paz por el camino del diálogo y la negociación responde al reconocimiento de ésta como esencial para la consecución de un estado de convivencia sano, se requiere contemplar la “guerra” como una oportunidad de cambios.

Son diversos los debates y análisis en ámbitos políticos y académicos que se han realizado en torno a la situación. Sin embargo, en su mayoría, estas disertaciones han coincidido en el interés por aspectos como la aceptación de actos violentos como algo natural. Un país que se ha acostumbrado a las dinámicas violentas presentadas por los medios de comunicación, así como la fragmentación social y el rencor hacia los grupos subversivos han sido evidentes.

 

Los desafíos de la deconstrucción del lenguaje hegemónico en la cultura son substanciales, por lo menos en términos del uso del lenguaje como detonador de brechas. Lo preocupante se encuentra en que los medios de comunicación no han sido capaces de lograr una mirada integral con relación a la “guerra contra el narco”. Se han ocupado de recalcar y fomentar las diferencias políticas que han intensificado la violencia e intolerancia en el país, logrando una sociedad polarizada. Así, cobran sentido aquellos esfuerzos por generar conciencia frente a la importancia de abordar la influencia del lenguaje en la consecución de paz desde una mirada crítica-constructiva.

 

¿En qué medida se ha naturalizado la violencia en la cotidianidad como consecuencia de vivir en medio de la guerra? Las manifestaciones violentas de grupos armados, el uso excesivo de la fuerza por parte del ejército y la marina, la inoperancia de nuestras policías y la debilidad institucional se han vuelto noticia diaria y se ha internado en dinámicas y espacios básicos y fundamentales de la sociedad, como la familia.  Aunque lo natural en el ser humano sea la preservación de su vida, y por tanto, de su especie, el uso del lenguaje en sus diversas dimensiones parece no estar en consonancia con la vida.

 

En ese sentido, ¿cual ha sido el papel de los medios de comunicación en estas construcciones simbólicas? Acaso, es tal la influencia de los medios masivos en la sociedad que han propiciado una actitud de aceptación y apropiación de acontecimientos y lenguajes violentos como parte del contenido audiovisual, favoreciendo; entre otros aspectos, la réplica de conductas destructivas. ¿En qué porcentaje han aumentado las escenas violentas en el cine, en las novelas, en los noticieros?, ¿Ha aumentado la exposición de la crueldad en hechos macabros trasmitidos a todos los públicos?

 

Se han valido la indiferencia como respuesta, aún sabiendo que la guerra afecta económica y políticamente, en diversas dimensiones, a todos los habitantes de nuestro país, los cuales comparten un territorio físico y simbólico, un mismo sistema de gobierno y un mismo sentir de patria.
En una época marcada por el consumo desmedido, y la necesidad de producir para suplir necesidades a veces creadas “artificialmente”, la paradoja de vivir para trabajar y no tener tiempo para vivir, ni para pensar en lo esencial y a veces tampoco para reflexionar sobre lo que sucede con la humanidad, con el contexto del país, de nuestra realidad es un retroceso de lo humano y lo sensible como características esenciales del ser humano.

 

Diversos estudios han demostrado la capacidad de influencia de los medios de comunicación en escenarios de conflicto y guerra declarada en todo el mundo. A partir de la guerra del Golfo se empezó a hablar del “efecto CNN”, para describir “la existencia de un tremendo poder de influencia de la televisión para desencadenar respuestas políticas ante determinados escenarios conflictivos, en los que el sufrimiento de las personas es transmitido en directo”.

 

Hay una plena consciencia del papel que tienen los medios y los procesos comunicativos en la configuración de determinadas actitudes sociales en relación a los conflictos y su transformación, ya sea para alentar comportamientos agresivos; justificar acciones bélicas; formar estereotipos, imágenes del enemigo y demonizaciones; despertar compasión, misericordia y caridad; estimular exigencias de actuación, cambios de políticas o romper distancias.

 

Asistimos a una época donde los medios priorizan el espectáculo que ofrece la guerra sobre la búsqueda de alternativas y análisis que permitan a la ciudadanía comprender de manera más profunda las causas reales del conflicto y formarse una opinión sobre la base de hechos objetivos y no de simples especulaciones.

 

De manera paralela, los movimientos por la paz a nivel global trabajan desde una racionalidad comunicativa que se acerca al proceso de comunicación desde la concepción del saber cómo comprender. En otras palabras, sus discursos proponen, plantean, cuentan, de formas que buscan el interés y la indignación de los públicos, pero sin dar por sentado, sino que dejan abierta la posibilidad del diálogo, del poner en duda la guerra. Comunicación entendida desde una acepción positiva de conflicto como una oportunidad para el aprendizaje mutuo. Por este motivo, los movimientos por la paz entran en tensión con la cultura mediática.

 

Pero sobre todo, la comunicación de los movimientos por la paz trata de interpelar esas formas de comunicación y «comprensión» que promueven los medios masivos a través de la formación de los ciudadanos, de su capacitación, para que sepan enfrentarse a ellas.

 

En México es urgente un cambio en la narrativa que nos permita transitar hacia la construcción de mensajes de paz, que demanden un papel más racional y proactivo de los medios de comunicación de manera que contribuyan a la formación de consensos. También es necesario, que surjan más propuestas alternativas de comunicación desde las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones públicas, que nutran la formación de opinión pública en materia de construcción de paz, al mismo tiempo que interpelan y proponen reflexiones sustanciales sobre las causas de la guerra y las salidas hacia una paz estable y duradera.

 

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