El portero del Oxxo

Por Debra Figueroa (@debrafig)

27 de septiembre de 2015.- Cada vez es más común, en establecimientos públicos, el uso de muelles cierrapuertas: dispositivos diseñados para que las puertas, con una autonomía muy rudimentaria, ofrezcan resistencia y tiendan a permanecer cerradas. Apenas introducimos un pie, empiezan a expulsarnos; estas puertas groseras no están hechas para abrirse. Hay ocasiones en las que, aunque un letrero grite la instrucción, nos encontramos ante la embarazosa situación de no saber si para abrir es necesario empujar o jalar, y hacemos el ridículo al no atinar.

Sostenerle la puerta al de atrás para evitar que rebote en su cara, para que no tenga necesidad de empujarla nuevamente, para que no se esfuerce, ha de ser una de las manifestaciones de cortesía más ciegas y generosas. No es caballerosidad ni cualquier otra forma de distinción: es benevolencia.

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La precariedad laboral y el desempleo han favorecido formas de trabajo insospechadas, la mayoría de las veces prescindibles. Y subsisten.

Jorge Humberto trabaja puntualmente de cuatro de la tarde a doce de la noche en el Oxxo de avenida Chapultepec y López Cotilla. Abre la puerta a los clientes hasta que el establecimiento cierra. Es un hombre viejo, amable y lúcido. En cuanto ve que alguien se aproxima, muy erguido y serio, empuja la puerta con suavidad y elegancia; controla su retorno con el mismo cuidado hasta cerrar. Cuando el cliente se dirige a la salida, Jorge Humberto abre nuevamente la puerta; con una mano empuja y con la otra sostiene un vaso en espera de una propina. (Resulta curioso que la palabra propina provenga del latín propinare, que significa “dar de beber”, y que la propina vaya a dar precisamente contra el fondo de un vaso).

¿Cuándo es propina y cuándo pago? Dos de las acepciones que incluye el DRAE son “Agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio” y “Gratificación pequeña con que se recompensa un servicio eventual”. En un restaurante, pagamos nuestra comida y damos al mesero una propina, un “agasajo” por su atención. Pero un mesero, además, tiene un sueldo. Si Jorge Humberto estuviera contemplado como personal del Oxxo, considerando que el precio convenido corresponde al pago realizado en la caja, el servicio de abrir la puerta podría merecer una propina por ser parte del mismo proceso de compra-venta. Pero Jorge Humberto no es un empleado del Oxxo: recibe gratificaciones pequeñas que recompensan su “servicio eventual”. Jorge Humberto no puede ser empleado de nadie porque nadie quiere emplearlo; por eso se hizo un trabajo, un trabajo basado en la cortesía. El negocio de la urbanidad –que no es negocio, pues apenas les da para comer a él, su esposa y sus dos hijos, quienes también hacen de porteros de vez en cuando–, constituye su vida laboral desde hace casi un año. Si abrir puertas es su principal actividad (su única actividad) laboral, las monedas que recibe deberían ser algo más que propina: un pago. Pero hay quienes viven de propinas.

Nadie solicita los servicios de Jorge Humberto. Su éxito descansa, quizás, en la performancia1 propia de ese empleo tan extravagante y, para muchos, innecesario: contener la violencia de las puertas. La generalización del oficio ha sido veloz; hoy pueden verse en la ciudad casi tantos porteros de Oxxo como Oxxos.

1 Performancia es un concepto antropológico que se refiere a todo lo que constituye la escenificación en las prácticas rituales.

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