El Viaje de Ulises: una forma amorosa de hablar de las desapariciones

Por: Darwin Franco Migues (@darwinfranco)

26 de febrero 2015.- “Mi abuela Clara es un río de historias… pero cuando le pregunto algo sobre mis papás, el río se seca. Sólo sé que cuando yo era muy pequeño: mis papás desaparecieron ¿pero la gente puede desaparecer? ¡Va, ni qué fueran fantasmas!”, así se explica el pequeño Ulises la desaparición de sus padres y, si bien, lo anterior forma parte de los diálogos de la obra El Viaje de Ulises del colectivo La Valentina Teatro hay mucho de verdad en estas líneas, pues cuántos niños, como él, se preguntan los motivos por los que sus padres no vuelven a casa.

¿Cómo hablar de los desaparecidos con un niño? ¿Habrá, acaso, otras formas de afrontar con ellos las incertidumbres de una desaparición? Sí, las hay y éstas pueden materializarse a través del teatro y de la responsabilidad de abordar con amor un tema que nos silencia. Así nació El Viaje de Ulises, de esa necesidad de romper la inercia de las cosas a través del arte, el cual para La Valentina Teatro es una potente herramienta de paz.

Por ello, esta obra no evade la palabra de-sa-pa-re-ci-do, ya que la coloca al centro de una metáfora que conjunta las aventuras del mítico Ulises con la nueva “Odisea” que se tiene que vivir para encontrar a cada uno de los 26 mil desaparecidos que tenemos en México.

“En La Valentina Teatro siempre hemos levantado proyectos a partir de nuestras propias necesidades como mamás, ciudadanas y personas que estamos cercanos a los niños, nuestra necesidad es hablarles a los niños de lo que pocos adultos se atreven a hablar con ellos. Tenemos la herramienta del teatro que es nuestra profesión y nuestra vida, y ésta es una manera inmejorable de hacerlo…”, expresó Circee Rangel, actriz que interpreta a Ulises, el niño que vive con su abuela y se pregunta por qué ella no quiere contarle lo que ha pasado con sus padres.

La obra de teatro, El viaje de Ulises. Foto: Alejandra Leyva

La obra de teatro, El viaje de Ulises. Foto: Alejandra Leyva

Y es que no debe ser fácil asumir el papel de Clara, la abuela, pues ella ejemplifica con dignidad la situación de las miles de madres que tras la ausencia de un hijo o hija deben asumir el tutelaje de los nietos. Tutelaje que se comparte con la búsqueda pero también con los silencios y las dificultades que implica el hablar con la verdad.

Karla Constantini, es quien interpreta a Clara, y ella sabe que El Viaje de Ulises no es una obra de respuestas sino un espacio detonador de preguntas:

“En la obra no se les va a dar todo ni se va a decir qué se debe hacer con una desaparición porque eso tampoco lo sabemos, pero el hecho de plantear el tema y abrir esas compuertas con los niños es importante, ya que éstos al salir de la obra seguro les preguntarán a sus padres: ¿cómo que desaparecieron los papás de Ulises? ¿Dónde están? ¿A dónde se los llevaron? Y eso hará que los papás se metan al problema. Rompiendo, así, la normalización de la violencia”.

En este sentido, El Viaje de Ulises no sólo es una propuesta para hablar de las desapariciones con los niños sino una provocación para que los padres asuman la tarea de dar presencia a los desaparecidos en sus entornos familiares porque aquí, en Jalisco, la gente no desaparece: la desaparecen, y los niños que tienen a alguno de sus padres desaparecido también tienen derecho a saber quién y por qué se los llevaron.

En Jalisco existen, desde el año 2006, 2 mil 677 personas desaparecidas, muchas de ellas están siendo esperadas por decenas de pequeños Ulises.

Foto: Alejandra Leyva

Foto: Alejandra Leyva

De Ítaca a La Concordia

La Concordia es el lugar donde El Viaje de Ulises da territorialidad a la violencia y a las desapariciones, este lugar bien podría ser Tala, San Gabriel, Lagos de Moreno, Encarnación de Díaz o alguna de las diversas colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara donde a diario se tiene que emprender un duro viaje para abatir –como Ulises- a cíclopes y lestrigones que se empeñan –desde su egoísmo- en robarnos la paz.

Ítaca, en cambio, es el lugar amado al que Odiseo después de tanta guerra, soledad y tristeza quería llegar para encontrarse con su familia. Así con esta esperanzadora oposición es que El Viaje de Ulises, de autoría de Verónica Maldonado, propone una puesta teatral en dos tiempos, el de Odiseo que emprende el regreso a casa después de estar lejos por más de 20 años y el del pequeño Ulises, Clara y Virgilio que parten con rumbo a La Concordia para que el niño pueda encontrarse con la verdad, pues el silencio es la peor de las guerras.

Con la dirección de Beto Ruiz y la participación de los actores Ciecee Rangel (Ulises), Karla Constantini (Clara), Jesús Hernández (Virgilio) y Alberto Sigala (Benito), El Viaje de Ulises conjuga la mitología griega contenida en La Odisea de Homero, con un presente que hace cinco años que se gestó la obra, no era tan doloroso. Buscar a un desaparecido, insisto, hoy es la principal odisea de las madres que tienen en las autoridades a su Polifemo (rey de los cíclopes), el cual se niega a buscar a los desaparecidos a través de su gran ojo.

“La obra se gestó, en realidad, hace cinco años cuando la violencia no era tan fuerte en Jalisco. La obra se inspiró en los hechos terribles que ocurrían en el norte del país… hoy todo esto nos alcanzó y la obra se hizo aún más vigente tras los golpes de realidad que hemos vivido desde hace dos años en que ésta fue estrenada”, compartió Circee Rangel, quien junto con Karla Constantini, dirigen La Valentina Teatro.

“Uno de los problemas más grave en torno a las desapariciones es que los papás no hablan de esto con los niños y ellos, por lo que ven, están más informados que los papás. Lo importante con la obra es que los niños se atreven a preguntar y a los padres no les queda más remedio que entrarle al tema de la violencia”, expresó Jesús Hernández, quien interpreta en la obra a Virgilio, tío-abuelo de Ulises, y a Policarpo, tirano que sometió a La Concordia en el terror que hizo desaparecer a los papás de Ulises.

Sin embargo, el sentido de la obra no descansa en el desasosiego o la desesperanza; al contrario, se sujeta a la astucia y heroísmo de un Ulises que no se sabe sólo contra los monstruos (los que están dentro y fuera de La Odisea), pues este héroe sabe que afuera hay muchos que desean romper el silencio alrededor de las desapariciones, ya que reconoce que hay armas más poderosos que la violencia. Una de ellas es el amor. Otra la solidaridad.

Foto: Alejandra Leyva

Foto: Alejandra Leyva

Constanza y Renato

Son los nombres en presente de los padres de Ulises, pero también son los nombres de decenas de desaparecidos que desean sortear toda mitología gubernamental (de esa que busca sin buscar) para llegar a casa con su familia, su refugio.

“Tocar un tema como este es complicado porque no se trata de hablar sólo de lo triste o devastador que es esta violencia, pues nosotros también queremos dejar un viso de esperanza: Ulises tiene a su familia y en ella se refugia. Nosotros como compañía estamos haciéndonos cargo de este problema y buscamos sublimarlo a través de una poética que es el teatro, esperando que esto sea amable y sutil. Esta es la contraparte de lo que está sucediendo y es una manera amorosa de hablar de las desapariciones”, señaló Circee Rangel.

La Valentina Teatro asume el reto de no tocar otro tipo de temas que no sean aquellos que nos están aquejando como sociedad. Su próxima obra, siguiendo esa línea, será Valentina y la sombra del diablo, la cual tiene como eje el abuso sexual infantil. Es una obra que también tiene más de cinco años de vida y en su recorrido siempre ha ido encontrándose con esas violencias y abusos que orbitan alrededor del mundo infantil. Esta obra iniciará funciones el primer fin de semana de marzo en el Estudio Diana.

El Viaje de Ulises que recién terminó temporada seguirá vigente en el repertorio de La Valentina Teatro y en la medida que el público busque en el teatro una manera amorosa de explicar qué ha pasado con la desaparición de Costanza y Renato, y qué con la desaparición de los muchos otros padres que, como Ulises en su regreso a Ítaca, están deseosos de escuchar: “Volver a casa. Bienvenidos a casa”.

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