Lo que el Cerro del Tesoro fue

Cerro del Tesoro o Cerro del Gachupín

Por Debra Figueroa (@debrafig)
Fotografía: Salvemos el Cerro del Tesoro

14 de abril de 2015.- Una singularidad del área metropolitana de Guadalajara son sus cerros en último plano conteniendo la arquitectura y el tráfico desordenados. Tener uno cerca de casa nos hacía sentir afortunados; un cúmulo de bosque con nacimientos de agua, aves y pequeños mamíferos dentro de la ciudad era confortable para los que vivimos en Zapopan o Tlaquepaque.

Muchos no sabíamos que su nombre era Cerro del Gachupín. Había algo emocionante en el hecho de que se llamara Cerro del Tesoro –palabra que, siendo sinceros, es más bonita que la otra–. La creencia de que en algún punto había dinero y joyas enterrados es la razón por la que seguido veíamos personas con detectores de metales recuperando clavos y corcholatas.

Algunos piensan que el sobrenombre se debe a que el cerro está cerca del que antes fue el Camino Real de Colima; por éste pasaban las recuas de los arrieros, quienes a menudo sufrían asaltos. De ser cierto que los ladrones escondían el botín en las cuevas y otros rincones de la colina, Cerro del Tesoro es un apodo preciso.

Hace años, nuestro querido cerro era un espacio de encuentro para entusiastas del ejercicio al aire libre: individuos en shortcito pasaban saludando corteses y agitados. También estaban los astrónomos aficionados que, con telescopios newtonianos, convocaban a vecinos y astros a  plantarse sobre la cima; la cruz que ahí descansa (¿o descansaba?) servía de referencia a todos.

Los rumores acerca de muchachos satánicos que llevaban a cabo sacrificios en torno a pentagramas, cuando no atemorizaban, incitaban a aventurarse. ¿Qué será de aquellos jóvenes sectarios sin el cerro? Seguramente la sensación de desarraigo es compartida.

Pero la diversión no estaba sólo arriba. Por la avenida El Tesoro, en los 90, había negocios que llenaban de folclor sus faldas. Puestos de comida, vendedores de cocos, caballos y ponis… recibían a los visitantes a su descenso.

Quizá no convenga hablar en pasado, pero es difícil evitarlo: desde que lo envolvieron con malla ciclónica para trasquilarlo y construir encima, el enojo y la añoranza nos vencen. Y no basta dejar de verlo: un tren ligero con voz femenina nos recuerda todos los días la desdicha de este pobre cerro cuando, en lugar de Estación El Tesoro, nos dice “Estación Santuario Mártires de Cristo Rey“.

Cerro del Tesoro o Cerro del Gachupín

Vecinos manifestándose en denfensa del Cerro del Gachupín (o del Tesoro). Fotografía tomada de la fanpage Salvemos el Cerro del Tesoro.

Santuario de los Mártires de Cristo Rey

Vista parcial de las estructuras de la construcción del Santuario de los Mártires de Cristo en el Cerro del Tesoro. Fotografía de Javier García-Moreno E.

Estación Santuario Mártires de Cristo Rey

Estación Santuario Mártires de Cristo Rey en la ruta del tren ligero. Fotografía de Alejandro Castro.

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