Nunca más atentes contra tu identidad Atlas

Por: Hincha de Atlas (@HinchadeAtlas)

20 de mayo 2015.- Derramé algunas lágrimas al medio tiempo, muchos me decían: “No vale la pena darle el gusto a esos pendejos”, pero estas lágrimas me las provocaron los jugadores, DT y directivos que hoy representan a mi amado Atlas. Este desenlace de torneo fue una afrenta, agravio, ofensa, ultraje, vergüenza, mancha, una máxima deshonra al aficionado al Atlas.

Pero esas lágrimas fueron dedicadas a mi tía que se fue fracturada al estadio y el operativo de seguridad jamás tuvo un poquito de criterio para facilitarle su entrada al Jalisco. Por mi novia que después de estar en un choque automovilístico se fue en collarín y con la espalda molida, pero firme como siempre. Por mi amigo que viajó desde Monterrey, originario de allá, a sus 21 años, solo, para ver al equipo de sus amores, con los ahorros de su trabajo. Por mi primo que sacrificó algunas comidas para poder pagar su boleto para el clásico; por todos mis amigos que por motivos de trabajo o estudios, radican en otros países, y se desvelaron para ver el Atlas de sus amores en alguna transmisión de video de baja calidad; por todos esos padres de familia que fueron a formarse temprano en la semana al Estadio o Línea Atlas a conseguir boletos para ellos y sus familias, descuidando sus labores o sus negocios, para ver al Atlas “tratar de cambiar la historia”; de los niños que no podían creer como su Atlas les estaba fallando.

Chivas ganó bien. El Atlista promedio es educado, decente y objetivo. Hay que saber perder.

Pero lo que más duele, es que el odiado rival nos ganó a medio gas, aprovechando nuestros errores, un equipo que venía relajado después de haberse salvado hace unas semanas, con una baja de juego, con la moral caída por haber perdido una final. Solo después del empate momentáneo de Juan Carlos Medina, parecía un partido de clásico en liguilla, el resto de los 180 minutos fue una verdadera vergüenza ver la nula seriedad con la que lo tomaron los jugadores del Atlas, perdidos en las marcas, no dando el extra que hay que poner en los clásicos, caminando detrás de los rivales.

Pasamos del extremo de tener a jugadores de fútbol encabronados por llegar a acumular más de 2 meses sin cobrar un peso, a jugadores cómodos, mimados, desinteresados con el mínimo interés de darle una alegría a la afición.

Tomás Boy. La necesidad de que se ponga la camiseta. Foto; Cuartoscuro

Tomás Boy. La necesidad de que se ponga la camiseta. Foto; Cuartoscuro

El copo de nieve que terminó en Avalancha

El momento en que Atlas quedaba eliminado del torneo Apertura 2014 en casa vs Monterrey, luego de ir ganando la serie (1-0) con gol de visitante, donde Tomás Boy ofreció un desastroso planteamiento técnico y lectura de partido, en ese momento la actual dirigencia atlista debió darle las gracias a estratega, porqué demostró que su ciclo ya había terminado en Atlas.

Si bien la afición hubiera quedado dolida, en un par de meses reconoceríamos la labor del DT al frente de nuestro Atlas, de haberlo sacado de problemas porcentuales, calificarnos a dos liguillas, conseguirnos el pase a Libertadores y estaríamos agradecidos con él.

Esa decisión, la continuidad de Tomás, tomada en las oficinas de Gustavo Guzmán, actual presidente del Atlas, fue un copo de nieve que cayó en la cima de una montaña nevada y fue acumulando, error tras error:

1) El desgaste entre Boy y la afición rojinegra era evidente y casi irreversible. Inclusive hubo un episodio de agresión física entre un aficionado y el estratega. Sin contar las declaraciones fuera de lugar, prepotentes y egoístas. Un técnico que nunca tuvo autocrítica.

2) El presidente del Atlas, Gustavo Guzmán, aseguró a inicios de año que mantendrían la rivalidad que existe en la ciudad (entre Atlas y Chivas) y ellos prescindirían de elementos relacionados con el Guadalajara; para no volver a repetir la historia con Omar Bravo. Esta declaración no la cumplieron, al tener como director deportivo a Heriberto Ramón Morales, que jugó mucho tiempo para el odiado rival y nunca fue jugador de Atlas.

3) Volver a hacer contrataciones de risa, de última hora, de tratos con promotores desleales, como muchísimas veces lo hizo la antigua directiva del Atlas. En especial contratar a un jugador de segunda división de la liga brasileña, que ni siquiera era figura en su equipo, nada personal contra el jugador, pero no tenía el nivel para estar en un equipo de primera división en México, por muchas jornadas le tapo el lugar a Daniel Álvarez. Esto es un pésimo trabajo del director deportivo, autorizado por sus jefes y solapado por Tomás Boy.

4) El desastre de la Copa Libertadores; Tomás Boy no tiene ni una idea de lo que significa para un atlista esta justa continental. A pesar de ganarle los 2 juegos al equipo más difícil en el papel, Atletico Mineiro, hicimos el ridículo en casa con juegos aburridos vs Santa Fe y Colo Colo.

5) Más de 1,300 aficionados del Atlas viajaron a otro país para apoyar al equipo de sus amores y por lo menos verlos caer de pie, y lo que sucedió fue todo lo contrario. Un equipo apático que fue goleado ante un equipo que jugo a medio gas, y al finalizar el encuentro los jugadores se fueron a emborrachar en Bogotá.

6) Ser un desastre de local, presumir tanto a la “increíble afición de Atlas”, para luego quejarse de que somos muy exigentes, ofreciendo partidos en nuestra casa infumables.

7) Puedo usar la analogía de cuando Hernán Cortés se encontró con los Aztecas. Los atlistas parecíamos aztecas, y Tomás Boy, Hernán Cortés, sus espejitos eran sus victorias raquíticas, con un gol de diferencia, en partidos aburridos; y nuestro oro es ese futbol vistoso que nos estaban robando en nuestras narices y lo permitimos, porque nos cegó la posibilidad de quedar campeón. Antepusimos nuestra identidad, por lograr un título.

8) La gran avalancha explotó y arrasó con todo en el juego de vuelta, en el Estadio Jalisco, frente a unas Chivas que pelearon por no descender este torneo, y al conseguir matemáticamente la salvación hace más de un mes, la intensidad y calidad de su juego vino a la baja, aunado al golpe anímico de haber perdido una final de Copa MX, con 2 de sus jugadores titulares (Isaac Brizuela, Carlos Salcido) descartados para jugar el resto de la liguilla… Frente a esas Chivas, Tomás Boy, regaló el juego de ida, negándose a marcar gol de visitante y mandó el planteamiento que más derrotas nos costó en las últimas temporadas, sumado a la mayoría de los jugadores del Atlas displicentes, sin ser conscientes o sin importarles en lo más mínimo saberse actores principales en un clásico tapatío en instancia de liguillas.

Un aficionado invade la cancha en el clásico entre Atlas y Chivas. Foto: Fernando Carranza/Agencia Cuartoscuro

Un aficionado invade la cancha en el clásico entre Atlas y Chivas. Foto: Fernando Carranza/Agencia Cuartoscuro

¿Salvando el honor del ATLAS?

Un aficionado solitario del Atlas, brincó a la cancha, y la recorrió entera, siendo todo el Estadio Jalisco testigo de lo que hacía aquel muchacho, señas a los jugadores del Atlas, de ¡Ponerle huevos!, el espontáneo fue detenido, el mensaje fue claro y directo: ¡Están jugando de la chingada y nos están humillando, reaccionen!

El aficionado nunca agredió en ningún momento al rival o a los jugadores del Atlas, al árbitro o algún elemento de seguridad. El asunto no hubiera pasado a mayores, no le hubieran dedicado más de 30 segundos en cualquier programa deportivo. Yo estoy de acuerdo, con lo que hizo ese aficionado. Hasta ahí hubiera sido perfecto.

Pero creo que faltó liderazgo en la Barra 51 para evitar que los demás siguieran el ejemplo de aquel joven que ingresó en la cancha, lo hicieron en masa y los cuerpos de seguridad cumpliendo su trabajo evitaban a toda costa que se le acercaran a los jugadores, porqué para eso les pagan, para cuidar la integridad de todos en el Estadio.

Se sienten héroes y proclaman haber parado el partido, evitando que nos metieran más goles. Aunque nos clavaran otros 3 el daño ya estaba hecho. El arma principal de las barras, es su voz y sus cánticos, y no protegerse en el anonimato y violar las reglas de un espectáculo público.

No pensaron en las consecuencias del veto al estadio, de alterar al resto del público, de ingerir bebidas alcohólicas, de comenzar connatos de bronca alrededor de todo el estadio que por supuesto no se reportan, pero las hay y más frecuentes de lo que imaginan.

Afectaron a toda la afición atlista que va al estadio a ver a su equipo cada 15 días, muchísimos niños presentes se asustaron. Y todavía a la gente para sentirse parte de la revolución que se estaba dando, se les hizo fácil lanzar vasos de cerveza o agua a los alrededores. Uno de estos le dio en el rostro a un pequeño niño de 8 años con la camisa del Atlas que lloraba desconsolado porque su equipo estaba  siendo humillado, él estaba asustado y por si fuera poco recibió un fuerte golpe. La inocencia de un niño debe protegerse a como dé lugar.

Lo que digan los programas deportivos en México, los noticieros, los reporteros, me tiene sin cuidado. Sabemos que la mayoría del periodismo en este país es una mierda, sin conocer el fondo de los hechos, son amarillistas para vender más publicidad y encontrar chivos expiatorios para desviar la atención de temas futbolísticos.

Ellos siempre van a satanizar lo que no entienden, lo que no viven, están cómodos detrás de sus paneles de tv, o detrás de una pluma. Pocos son los que se han metido dentro de las barras para ver que así cómo hay  personas que buscan la primera excusa para cometer agresiones y vandalismo,  también hay muchísimas personas preparadas, profesionales, con familia, con hijos, que son parte de la Barra y   apoyar al equipo de esa manera no los hace delincuentes; tienen la libertad de expresión para hacerlo.

La situación con la Barra 51, no es blanco y negro, tiene sus matices. Condenar los hechos no me hace menos atlista, pero tampoco pido su erradicación, la Barra 51 es parte ya del color del estadio y un activo importante del club, pero no es indispensable. Atlas va cumplir 99 años de vida y la Barra 51, 17 años. Primero la institución ante todo. Pero creo que si hay aficionados que tienen toda la libertad para agruparse y apoyar de esa manera.

Escudo del Club Atlas.

¡Atlas para toda la vida!

La afición del Atlas, seamos niños, jóvenes, barristas, padres o madres de familia, abuelos; por nuestro clamor por permanecer fieles a Atlas pase lo que pase, y al ver que Tomás Boy conseguía los puntos para volvernos a calificar entre los primeros cuatro, nos cegamos con los números de este señor y las decisiones tomadas los últimos 6 meses que han atentado directamente contra la identidad de nuestro equipo.

Soy Atlista de tercera generación. Este sentimiento nació con mi abuelo, quien lo transmitió a todos sus hijos, y fue mi madrina la que me inculcó este maravilloso, excepcional e imperecedero sentimiento. Todos dónde yo vivo somos de sangre rojinegra. El amor de mi vida es del Atlas y comparte un linaje atlista en su familia también. Y les puedo asegurar que la sangre de nuestros hijos será de color roja y negra.

Tengo 29 años, veintitrés yendo al estadio cada 15 días para apoyar a una de las mayores pasiones de mi vida. Lo de ayer, fue uno de los momentos más tristes que he vivido como “Hincha del Atlas”.

No hay ningún libro oficial o sumo pontífice atlista que te dicte que ser del Atlas tiene que ser de tal manera, pero con el paso de los años creo que coincidimos en que en Atlas siempre:

Respeta al fútbol espectáculo. Este deporte fue creado para divertirnos, pensar siempre que el ganador es aquel que juega a meter más goles, y no el que juega al que le metan menos goles.

Alimentar ese fútbol vistoso y ofensivo desde las inferiores, sumado a una excelente preparación de gestos técnicos para que Atlas sea y siga siendo la mejor cantera de México; y que esos jugadores triunfen en la institución y decidan seguir haciendo historia en su casa o triunfar en las mejores ligas del mundo.

Ser Fiel al Atlas pase lo que pase, mientras juegue el equipo, el apoyo debe ser incondicional. Ante una serie de resultados negativos, sabremos exigir y encontraremos los canales adecuados para transmitir ese descontento.

Si en 64 años y contando, la cantidad de nuestros aficionados se mantiene y ha aumentado exponencialmente, es que ser aficionado de este equipo, va más allá de ser campeón, de lograr un título.

Ser del ATLAS es ser auténtico, original, un disidente del típico aficionado mexicano, es ser incondicional al equipo, es tener ese sentido de pertenencia intacto, pase lo que pase, inclusive el capítulo que acaba de pasar, es priorizar el fútbol ofensivo y alegre contra el resultado.

Si los Atlistas perdemos ese amor por el fútbol ofensivo, esa fidelidad de estar en el equipo en todo momento, de transmitir a los jugadores de casa o que vienen de fuera, la manera en que se debe de jugar en este equipo, si dejamos todo eso de lado, por cegarnos y conseguir un ansiado título, no seremos diferentes a ninguna otra afición de cualquier equipo de México. Y eso es perder tu identidad, eso es convertirte en un don nadie.

Pero sobre todo quiero recordarles algo muy importante, si se sintieron identificados poco o mucho, con la manera en que Atlas es para mí, si sienten una pasión inmensa por el Atlas, recuerden aplicarla en todos los aspectos de su vida.

Recuerden que a los jugadores les pagan (y muy bien) por jugar para el equipo que tanto amamos y con los colores que tanto respetamos, donde nosotros, si tuviéramos la posibilidad de hacerlo en algún momento lo haríamos sin cobrar ni un centavo, con la garantía de dejar todo en la cancha.

Así también, con esa misma pasión, desde este momento no olviden dar lo máximo en sus estudios, en sus trabajos, en sus negocios, en sus familias, en sus relaciones. Apliquen esa misma pasión y entereza con la que defiendan al Atlas en su vida diaria, y créanme su vida estará llena de títulos, estrellas y campeonatos.

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