OPINIÓN | La maldición de los intocables

Ernesto Núñez Albarrán*

Alfonso Navarrete Prida celebra la vida, su vida: “afortunadamente estoy bien. Estoy bien, evidentemente estoy contento, poco adolorido, pero eso me hace estar muy feliz porque significa que estoy vivo”.

El político mexiquense se ufana de su suerte: “esperemos que si es que había una maldición en la Secretaría de Gobernación, esté rota para bien de todos…”.

A pesar de caer desde 30 metros de altura a bordo de un helicóptero en medio de la noche, Navarrete Prida salva el pellejo, y evita engordar la lista fatal de secretarios de Gobernación muertos en servicio.

Él mismo usa la palabra “maldición”, cuando platica con reporteros sobre su accidente.

Era la noche del viernes 16 de febrero y, cuatro horas después del sismo originado en Pinotepa Nacional, Oaxaca, el funcionario decidió viajar a la zona acompañado del gobernador Alejandro Murat.

A las 9:48 de la noche estaban sobrevolando Pinotepa y, a las 10:00 PM, los funcionarios decidieron volar hasta Santiago Jamiltepec, municipio ubicado en el límite entre la Sierra Sur y la Costa de Oaxaca, y aterrizar en un paraje para recorrer la comunidad.

Al acercarse el helicóptero a tierra, se levantó una nube de polvo, el piloto perdió el control, la aeronave cayó y recorrió varios metros hasta aplastar una camioneta de transporte colectivo.

Minutos después, Navarrete Prida ya estaba al aire en el noticiero nocturno de Televisa, no para dar el reporte de saldo blanco que había dejado el sismo, sino para informar del accidente, reportarse a salvo y lamentar la muerte “de algunas personas”.

Al día siguiente, se supo que fueron 13 los habitantes de Jamiltepec que murieron aplastados por el Black Hawk UH60-M de la Fuerza Aérea Mexicana.

¿Qué llevó a Navarrete Prida a Oaxaca a esas horas? ¿Su deber como funcionario, o la oportunidad de aparecer en el último noticiero nocturno de la semana en cadena nacional?

¿Qué caso tenía aterrizar y recorrer en ese momento una comunidad ya de por sí sumida en la pobreza y el abandono?, ¿por qué justo de noche, y no al día siguiente, a plena luz del día? ¿Era para atender la emergencia por el desastre natural, o para atender la emergencia por el desastre electoral del candidato del gobierno?

Navarrete no es el primer secretario de Estado que sufre un accidente aéreo movido por sus impulsos, empujado por saberse casi todopoderoso.

El 21 de septiembre de 2005, el secretario de Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta, ordenó volar de Campo Marte a Almoloya de Juárez, a pesar de que los pilotos le habían informado que un banco de neblina impedía la visibilidad. Cuando cayó el helicóptero en el que viajaba, fallecieron él y ocho personas más.

El 4 de noviembre de 2008, el secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño abordó un Lear Jet 45 en San Luis Potosí, para viajar a la Ciudad de México. Le urgía llegar, pues esa noche cenaría con su amigo Germán Martínez (entonces presidente nacional del PAN), y con los perredistas Marcelo Ebrard y Guadalupe Acosta Naranjo. Mouriño ordenó acelerar cuando ya sobrevolaban el Valle de México; el jet alcanzó los 240 nudos, aunque lo recomendable es aproximarse a menos de 180, y se acercó demasiado a un Boeing 767 proveniente de Francia. La ligera aeronave se metió a la zona de turbulencia provocada por el Boeing; los pilotos perdieron el control y, casi a las 7 de la noche, se estrellaron cerca de la Fuente de Petróleos, en un día laboral, en hora pico. Murieron Mouriño, el fiscal antidrogas José Luis Santiago Vasconcelos, cinco funcionarios de Gobernación, los pilotos y siete civiles en tierra atrapados en la explosión que causó el avionazo.

El 11 de noviembre de 2011, el cuarto secretario de Gobernación que tuvo Felipe Calderón, Francisco Blake Mora, murió al desplomarse el helicóptero que lo transportaba de la Ciudad de México a Morelos. El funcionario había sido advertido de las condiciones de poca visibilidad, por lo que era peligroso intentar el vuelo. Pero a Blake lo esperaban en un evento público el gobernador y un ministro de la Corte, y ordenó volar a Cuernavaca. El Eurocar AS 332, un helicóptero con más de 28 años de antigüedad, se estrelló contra un cerro de Santa Catarina Ayotzingo. Murieron, además de Blake, tres colaboradores suyos y cuatro militares que tripulaban la aeronave.

En los tres casos, los funcionarios panistas que murieron en pleno ejercicio de su cargo fueron sorprendidos por el infortunio, pero también por la imprudencia y la soberbia.

Mientras a ellos se les homenajeaba, en los hogares de las víctimas colaterales, no había pensión gubernamental que reparara el daño o cartas del Presidente que compensaran la injusticia.

En sus epitafios, podría leerse:

“Iba circulando en Reforma, cuando un jet se estrelló encima de su auto”.

“Le dijo a su jefe que no se podía volar, pero le advirtieron que, si no lo llevaba al evento, perdería la chamba”.

“Se estaba reponiendo del susto, por un temblor en el que no hubo muertos, cuando un helicóptero aplastó la Urban en la que regresaba a casa”.

* * *

Se lamentan los accidentes y la muerte de los secretarios, pero también la irresponsabilidad con la que ejercen el cargo.

Están acostumbrados a que si dan una orden, ésta se cumple, o al menos sus más cercanos muevan todo para aparentar que se cumple; a que la Policía capitalina haga cortes al tráfico para que ellos puedan llegar en 15 minutos de Los Pinos al Aeropuerto, incluso en hora pico.

Los más “audaces” se trepan a la moto de un mensajero o un guardia, para cumplir con su apretada agenda, y aparentar el don de la ubicuidad.

Habituados a incumplir las leyes que juran guardar y hacer guardar, los políticos saben que si la Constitución no se cumple, es problema de la Constitución. Pero ignoran que, si las leyes de la aeronáutica no se cumplen, hay consecuencias.

La verdadera “maldición” son ellos, los gobernantes que -acostumbrados a la adulación de sus colaboradores- creen que son intocables.

Pásalo

 

*Artículo publicado originalmente en el perfil de facebook del autor https://www.facebook.com/ernesto.n.chaman/posts/10215221041616569

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