Películas dobladas invaden las carteleras mexicanas

cartelera de cine

Por: Óscar Chavira* (@Oscar_Chavira)

Fotografía: Graham C99/Flickr

17 de abril de 2015. Poco a poco las compañías distribuidoras de cine comienzan a desaparecer las funciones de películas en su idioma original, para optar por exhibirlas con doblaje.

Tal situación comenzó a partir de mediados de la década de 2000, y sucedió inicialmente en el género de la animación. En el lapso de un par de años, aquellas funciones que se programaban de películas animadas con sus voces originales y subtítulos comenzaron a ser menos, hasta desaparecer de toda la cartelera nacional.

Hoy día ver una película animada con las voces originales sucede solo en festivales de cine o salas denominadas de arte que de vez en vez programan películas animadas. En la cartelera comercial está ausente la función de cintas animada en su idioma original.

Luego, dicha opción se daría en las películas de ficción infantiles. En el 2013 el doblaje se extendió a las películas de clasificación B, blockbusters orientados a una generación adolescente o juvenil. Para el 2014 aparecieron las primeras funciones de películas para adultos totalmente en castellano.

El doblaje de películas ya abarca todas las clasificaciones y todos los géneros de la cartelera comercial. Como no hay más cine que abarcar, ahora los exhibidores comienzan a menguar las copias en idioma original y subtítulos.

Las funciones de películas en su idioma original comienzan a ser la excepción en la cartelera, dedicadas solo a aquellos complejos de cines con más de diez salas de proyección, y en la gran mayoría de ellos solo exhibidas en los horarios de cierre de los multiplex.

En el mejor de los casos, en las grandes poblaciones del país, el espectador tiene que desplazarse a cierta hora o a cierto conjunto de cines para poder ver la película en su idioma original. En el peor de ellos, localidades medianas y pequeñas del país no pueden ver una película tal como originalmente se concibió, porque las cadenas de exhibición no ofrecen funciones subtituladas a ninguna hora.

Lo anterior parece ser solo el principio del fin de las películas en su idioma original, lo cual nos hace plantearnos una interrogante: ¿acaso las audiencias no tenemos el derecho de ver una película como fue concebida originalmente?

Tales derechos fueron establecidos en su momento en la Ley de Cinematografía que fue aprobada por el Congreso en 1992.

La Ley de Cinematografía promulgada por el presidente Carlos Salinas de Gortari establecía en su artículo 8 lo siguiente:

Artículo 8. Las películas serán exhibidas al público en su versión original y, en su caso, subtituladas en español, en los términos que establezca el Reglamento. Las clasificadas para público infantil y los documentales educativos podrán exhibirse dobladas al español.

La Ley de Cinematografía sufrió modificaciones por cabildeo del gremio del cine mexicano en diciembre del 2002, enero del 2006 y abril del 2010 para dar cabida a nuevos apoyos gubernamentales para la producción de cine, y nuevas atribuciones al Imcine y la Cineteca Nacional. Pero el texto del artículo 8 no se modificó.

Una reseña histórica más amplia de la Ley de Cinematografía puede leerse acá Ley Federal de Cinematografía, un recuento a diez años de su publicación.

La fisura legal para que los distribuidores pudieran exhibir películas con doblaje comenzó con la solicitud que United International Pictures (UIP), la cual distribuye las películas de Universal Pictures y Paramount Pictures en México, hizo a la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) de la Secretaría de Gobernación para exhibir Jurassic Park doblada al castellano, en enero de 1997.

La respuesta de la RTC fue que debido a la restricción legal existente en el artículo octavo de la Ley de Cinematografía vigente, no podía conceder permiso para exhibir Jurassic Park doblada al español, porque no era un filme animado ni documental educativo.

UIP procedió entonces a solicitar un amparo con el argumento de que la negativa de la RTC violaban lo previsto en dos artículos constitucionales.

La empresa distribuidora alegaba que la negativa a exhibir Jurassic Park doblada al castellano contravenía lo establecido en el artículo quinto constitucional:

Artículo 5. a ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos. El ejercicio de esta libertad solo podrá vedarse por determinación judicial, cuando se ataquen los derechos de tercero, o por resolución gubernativa, dictada en los términos que marque la ley, cuando se ofendan los derechos de la sociedad. Nadie puede ser privado del producto de su trabajo, sino por resolución judicial.

UIP argumentaba que su actividad, la distribución de películas, no ofendía los derechos de la sociedad, y por ende la RTC no podía limitar su operación, ni aun cuando una ley secundaria expresara una limitación a la misma, porque esta contravenía una garantía de libertad de profesión establecida en la Constitución.

El segundo alegato de UIP se basaba en el artículo sexto constitucional.

Artículo 6. La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público…

El razonamiento de UIP establecía que una traducción es una manifestación de ideas, un mecanismo para hacer entendible las ideas de creador, lo que permitía que el subtitulaje fuera legal, y por ende la traducción oral seguía el mismo principio, lo que permitía que fuese legal la exhibición en castellano de filmes animados y documentales educativos, y que la restricción de la traducción oral al resto de las películas era anticonstitucional.

A la demanda de amparo realizada por United International Pictures, se sumaron Twentieth Century Fox Film de México y Buena Vista Columbia Tristar Films de México, que conforman las empresas distribuidoras de los grandes estudios de Estados Unidos.

El 6 de marzo del 2000 la Suprema Corte de Justicia (SCJN) resolvió concederles el amparo a las empresas distribuidoras de películas contra lo establecido en el artículo octavo de la Ley de Cinematografía.

Con respecto al alegato de UIP amparándose en el artículo sexto constitucional, la SCJN dictaminó que la Ley de Cinematografía no violaba dicha garantía, que la exhibición de las películas en su idioma original de hecho garantizaba la libre manifestación de ideas entre el creador de la obra cinematográfica y la audiencia.

Pero con respecto a la inconstitucionalidad del artículo octavo de la Ley de Cinematografía con respecto al artículo quinto constitucional, la SCJN dictaminó que sí había una violación al derecho de libre profesión y comercio expresada en el texto, debido a que la Ley de Cinematografía no justificaba ninguna de las limitaciones establecidas en la carta magna.

La votación fue de ocho ministros a favor de conceder el amparo y tres en contra, entre estos últimos la ministra Olga Sánchez Cordero.

El diario de debates y la resolución del amparo de los exhibidores por parte de la SCJN puede verse completo acá Inconstitucionalidad del Artículo 8 de la Ley de Cinematografía

La ministra Sánchez Cordero dejó asentado en el diario de debates el artículo “El doblaje de películas. Algunos comentarios sobre la importancia cultural del cine y la libertad de trabajo” en donde da a conocer su postura en contra del amparo.

Sobre las películas en su idioma original dice:

El idioma en el que los personajes de una obra se expresan debe conservarse en su forma original por respeto intelectual y en beneficio de la calidad artística de la obra; nunca se podrá lograr la misma credibilidad y realismo en la historia cuando la voz que escuchamos en una película no corresponde a la del actor que vemos en pantalla, por excelente que sea el doblaje realizado.

Por ello, cada vez que se dobla una película de su idioma original a cualquier otro, se pierde y se mutila la calidad de la obra artística presentada. Cuando un escritor concibe un personaje, crea para él una forma de andar, de vestir, de mover el cuerpo; pero sobre todo, le inventa una forma de hablar que exprese su visión del mundo, y esto solo es realmente posible en su lenguaje original.

Del doblaje de las películas, Sánchez Cordero menciona:

Los anteriores elementos bastan para considerar al doblaje como una deformación de la creación artística, pues con esta se daña seriamente la intención y significado que el cineasta le quiso imprimir a su trabajo.

Asimismo, el doblaje significa, por un lado, atentar contra los derechos de intérprete de los autores y contra los derechos de autor de los creadores de la obra original y, por el otro, coartar los derechos que tiene la sociedad mexicana en cuanto a la posibilidad de presenciar las obras cinematográficas en su forma primigenia.

Sobre la inconstitucionalidad del artículo octavo de la Ley de Cinematografía con respecto a la libertad de profesión, la ministra apunta:

… si el artículo 8 de la Ley Federal de Cinematografía, de manera implícita, prohíbe que se exhiban películas dobladas al español distintas de las documentales o educativas, dicho precepto no resulta violatorio de la garantía de trabajo, en virtud de que el beneficio o bienestar de la sociedad tutelado por este precepto es mayor al beneficio que obtendría el gobernado en particular.

En otras palabras, el artículo 8° de la Ley Federal de Cinematografía debe ser conceptualizado como un precepto limitativo de la garantía de trabajo que tiene como fin proteger un derecho superior, y esa protección, solo se logra si se garantiza que una película sea exhibida en su versión original.

El artículo completo puede leerse acá El doblaje de películas. Algunos comentarios sobre la importancia cultural del cine y la libertad de trabajo

El artículo de Olga Sánchez Cordero cierra su reflexión invitando a las empresas que obtuvieron el amparo a que utilicen el doblaje de manera mesurada. La mesura duró solamente cinco años.

El artículo octavo de la Ley de Cinematografía no ha sido modificado.

Las distribuidoras de cine han comenzado a hacer doblaje indiscriminado, todo en pos de mayores ingresos en taquilla amparados en una resolución que se asume les protege su derecho a libertad de profesión.

¿Y nuestro derecho como audiencias a ver una obra cinematográfica en su versión original?

La experiencia cinematográfica no es una cuestión de espacio físico, tanto como el efecto de un mensaje que recibimos a través de una imagen audiovisual, pero es evidente que los cineastas hacen cine pensando en que su película será proyectada en una sala adecuada para ello.

El hecho de poder ver una obra cinematográfica en su idioma original, con su edición completa en una pantalla de cine, nos ofrece poder asimilar íntegramente el mensaje que el realizador trata de darnos a conocer.

El doblaje, por más profesional que sea, no es el concepto original del realizador. El cine en casa o en algún otro espacio físico, por más adecuaciones que se hagan, nunca podrá compararse a una sala de proyecciones construida para dicho propósito.

Las películas en idioma original y en una sala de cine son entonces salvaguardar un concepto creativo, salvaguardar el derecho que tiene un creador a que su obra sea exhibida tal como la concibió, y salvaguardar el derecho de una audiencia a tener acceso a conocer y comprender dicha obra en su versión íntegra.

La resolución de la SCJN ponderó que el derecho de unos pocos está por encima del derecho de la sociedad en general.

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